El relevo presidencial, desde la perspectiva de la entidad poblana, más aterciopelado no podría estar a favor del estado.
De entrada, posterior a la toma de protesta y ya como presidente constitucional, Enrique Peña Nieto se encontrará con una entidad donde los indicadores superan la media nacional, incluido el crecimiento
económico y la aportación del PIB.
Se encontrará el nuevo titular del Poder Ejecutivo federal un estado con un crecimiento en la infraestructura que ha sido posible en casi dos años de la administración de Rafael Moreno Valle.
Peña Nieto vendrá a sumarse a los grandes proyectos de desarrollo económico y social del estado, pero principalmente en la relacionada a la infraestructura ligada a la movilidad urbana.
Uno de los grandes proyectos del gobierno del estado que en materia de infraestructura se encontrará Peña Nieto está ligado con el segundo piso de la autopista Puebla-México.
En un año, la administración estatal ha realizado una infinidad de
estudios de gabinete y gestión de trámites para los derechos de vía que prácticamente están concluidos y autorizados por el gobierno federal a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Sólo para el proyecto ejecutivo para realizar la obra, el segundo piso requirió de una inversión de 80 millones de pesos, misma que confirma la magnitud del capital de 12 mil millones de pesos.
El tramo de 19 kilómetros proyectados por el gobierno del estado trazado a la altura de la planta Volkswagen programado para construirse en un año y medio, se empatará con el tramo ofrecido en campaña por el ahora presidente electo Enrique Peña Nieto.
Se empatan proyectos de infraestructura con la administración federal entrante, pero con la ventaja del gobierno local en los derechos de vía, el proyecto ejecutivo y las respectivas licencias, “empates” que favorecerá al desarrollo del estado en materia de infraestructura en las comunicaciones donde el gobierno local dio el primer paso.
