Los próximos delegados federales –todos de perfiles técnicos y ajenos a los estados donde serán enviados- serán coordinados por representantes directos de Enrique Peña Nieto.
Él, y nadie más, acordará con ellos, les marcará las directrices, les dará la “línea” de rigor, escuchará sus quejas, sus análisis de los diversos gobiernos estatales y definirá las estrategias.
Serán en esencia algo así como sus embajadores en los estados.
Embajadores plenipotenciarios: dueños de todo el poder como para centrar a los delegados que se quieran ir por la libre.
No podría ser de otra manera.
Y es que el próximo Presidente de México buscará ser, como en la antigua República Priista, el hombre mejor informado.
Dichos embajadores tratarán todo directamente con los gobernadores.
Serán algo así como los representantes directos del Presidente.
Los interlocutores.
Los delegados, pues, regresarán a sus posiciones originales.
En otras palabras: se circunscribirán a sus delegaciones.
Eso sí: cuando la ocasión lo amerite jugarán el papel de operadores.
La idea es que se cree una especie de Consejo que aglutine a los “embajadores”.
Un Consejo, ya se ve, todopoderoso.
Y coordinado solamente por el Presidente.
Quienes dudaban que el país regresaría a los tiempos del Presidencialismo ya pueden admitir que se equivocaron.
Y es que las señales son brutales.
Un caso ejemplar: el único que puede tratar con los gobernadores el tema del presupuesto 2013 es Luis Videgaray.
Nadie más.
De hecho, los coordinadores del PRI y el Verde en San Lázaro tienen prohibido negociar con los gobernadores y los rectores de las universidades públicas el presupuesto.
(Manlio Fabio Beltrones jamás imaginó un escenario así).
Nuvia Mayorga, presidenta de la Comisión de Presupuesto, sólo obedece órdenes de Peña Nieto y Videgaray.
De nadie más.
Hoy más que nunca, sí, el Presidencialismo está de regreso.
Morena y la Elección Poblana. Quienes ya daban por hecho que Morena se estrenaría en los comicios poblanos de 2013 pueden colgar su optimismo en el perchero.
No será así.
El partido de López Obrador tiene que seguir una ruta crítica que inicia en enero de 2013 y concluye en enero de 2014.
Durante el primer año realizará sus asambleas de ley para cumplir con el Cofipe y en el segundo año estará en posibilidades de obtener su registro.
Sólo entonces podrá contender en los comicios.
No antes.
