La especialista en derecho fiscal María Cyndhia Hernández Peláez hace unos meses era docente en una importante universidad privada de la ciudad de Puebla, pero salió de ahí, ya que presentó dos cédulas profesionales, y resultó que una de ellas, que supuestamente la acreditaba como historiadora, resultó ser falsa. Ahora esta mujer es la segunda visitadora general de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla (CDH).
Dicho nombramiento, que se dio a inicios de este mes, muestra con claridad el deterioro que existe en la CDH, en donde se le entrega una visitaduría –que es la parte toral del organismo– a una persona sin la preparación académica en el ramo de los derechos humanos, sin experiencia en la labor de investigar abusos a las garantías individuales y que tiene malos antecedentes.
Y lo más grave es que Hernández Peláez –quien llegó a la CDH por recomendación del primer visitador Omar Martínez– vino a sustituir en el cargo a Francisco Jiménez Teniza, quien era uno de los pocos miembros del organismo que quedan con una alta preparación académica y una larga trayectoria en el ámbito de la defensa de los derechos humanos.
Francisco Hernández Teniza no ha sido despedido de la CDH, pero sí fue degradado, ya que de ser segundo visitador, ahora es –desde el 1 de octubre– director de Seguimiento de Recomendaciones, el cual es un puesto inferior al que tenía. Su cambio de posición no se debió a ninguna estrategia de trabajo o por alguna falta, sino fue consecuencia directa de un exabrupto de Adolfo López Badillo, el ombudsman poblano.
Hernández Teniza es maestro en Derecho Constitucional y Amparo, y cuenta con preparación en habilidades procesales y de comunicación, en el manejo de las leyes de transparencia, así como en concertación y alta negociación. Empezó laborando en el Poder Judicial de Puebla, posteriormente en el área de Atención a Menores Infractores de la Secretaría de Gobernación, y finalmente, llegó a la CDH en donde primero era director de Quejas y fue escalando hasta llegar a la Segunda Visitaduría.
Al llegar a la CDH, Adolfo López Badillo mostró su falta de conocimiento y pericia para dirigir el organismo, por lo cual se valió de Francisco Hernández Teniza, quien tenía experiencia en el tema y además, ambos se conocían por haber estudiado juntos un posgrado.
Pese a que Hernández Teniza fue un personaje fundamental para que López Badillo pudiera más o menos tomar el control de la comisión, hace unas tres o cuatro semanas el primero de ellos fue bajado de cargo y de sueldo, ya que se le encomendó buscar un local para abrir una oficina en el municipio de Lara Grajales para atender el tema de los migrantes centroamericanos que pasan por esa zona rumbo a EU. Y aunque el funcionario cumplió con el encargo y consiguió el inmueble, lo sancionaron injustificadamente.
El único problema que hubo es que López Badillo quiso ir a inaugurar el local un lunes, y el funcionario le comunicó, con anticipación, que el inmueble todavía no estaba habilitado. Eso provocó que el ombudsman montara en cólera y sin medir consecuencias, destituyó al segundo visitador y en su lugar, puso a alguien sin experiencia alguna.
En la CDH se dice que hay 16 trabajadores en la lista de espera para ser despedidos. Por esa razón la mayoría de quienes ahí laboran, evitan encontrarse a López Badillo, ante el temor de que un exabrupto del Ombudsman les cueste ser rescindidos.
Y es que López Badillo se ha vuelto en un especialista en violar los derechos humanos de sus propios trabajadores.
