Cuentan dentro del PAN que aunque pareciera que en el círculo del gobernador Rafael Moreno Valle Rosas está definido que Fernando Manzanilla Prieto será candidato a edil de Puebla, no está decidido nada y existe un proyecto de posicionar a Jorge Aguilar Chedraui, el secretario de Salud, de aquí a fin de año, pues el segundo de estos funcionarios es el “Plan B” en caso que no cuaje el proyecto de volver al titular de la Secretaría de Gobierno a un personaje popular y aceptado por la militancia del PAN.
Aunque está volcado todo el aparato de la Secretaría General de Gobierno –sin importar las consecuencias sociales o políticas para la sociedad– para favorecer el proyecto personal de Manzanilla Prieto de ser candidato a alcalde de la capital, se dice que en las encuestas el funcionario todavía no aparece como la mejor opción para ser el aspirante panista.
En ese entendido, ha trascendido que Manzanilla no se va a arriesgar a ir a un proyecto que podría fracasar; sobre todo por el reposicionamiento que podría tener el PRI en el proceso electoral local de 2013, una vez que el tricolor ha recuperado la Presidencia de la República. Por esa condición se decidió saturar la ciudad con la imagen del secretario general de Gobierno para que la gente lo identifique, ante el fracaso de las giras que el funcionario hace por el municipio y las soporíferas conferencias que ofrece para supuestamente motivar el hábito de la lectura.
Por eso se dice que de aquí a fin de año se debe poner mucha atención de lo que haga Jorge Aguilar, porque seguramente será beneficiada su imagen en actos públicos del gobierno del estado para potencializar su figura. Sin contar que han aparecido –en las principales vialidades del municipio– espectaculares con el rostro del secretario de Salud en un número similar de anuncios que tienen la fotografía de Fernando Manzanilla.
Un factor que juega a favor de Aguilar Chedraui, cuya experiencia como político es nula, es que es un personaje que se acopla más al estilo personal de gobernar de Rafael Moreno Valle Rosas.
El mandatario busca que en el próximo periodo gubernamental haya un alcalde de la capital que este sometido a sus órdenes, que no tenga proyectos políticos personales y convierta al ayuntamiento de Puebla en un apéndice del Poder Ejecutivo.
Es decir, quiere hacer algo que no pudo con el actual alcalde de la ciudad, Eduardo Rivera Pérez, quien pese a todos los obstáculos que le ha puesto la administración morenovallista ha logrado proyectar su imagen personal y gobernar sin la tutela de Casa Aguayo.
Y en ese tenor, la diferencia entre Fernando Manzanilla y Jorge Aguilar es que el primero si llega a la alcaldía de Puebla podría convertirse en un político que le haga sombra al gobernador por tener otro estilo de dirigir la administración pública al que tiene Moreno Valle.
En cambio, con Aguilar Chedraui al frente de la alcaldía de la capital, en términos reales seguiría siendo una especie de funcionario del gabinete, solamente que a cargo del ayuntamiento de la capital.
Dicen los enterados en el PAN que tampoco es correcto suponer que solamente entre Manzanilla y Aguilar se decidirá la candidatura a la alcaldía.
Fuera de esos dos funcionarios no hay otro aspirante que sea parte del gabinete. La promoción que está haciendo el secretario de Infraestructura, Antonio Gali Fayad, solamente le alcanza para ser candidato a diputado local.
Gali es el más vulnerable de todos los que buscan la postulación, dado que las obras públicas que ha hecho en la capital son un fiasco por su mala calidad, sus fallas y las molestias que ha causado a la ciudadanía su edificación.
Una tercera opción que se ve en el PAN, es que si Moreno Valle no logra el control absoluto del partido, tal como lo ha querido obtener a la mala, podría dejarle la candidatura de la alcaldía de Puebla al Yunque.
Es decir que los verdaderos panistas salgan a pelear la plaza de la capital.
Y si así fuera, El Yunque seguramente postularía a Franco Rodríguez, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, quien tendría el respaldo de los grupos tradicionales del albiazul y de Eduardo Rivera, pero no del grupo de Moreno Valle.
La tercera opción no se debe descartar.
Sobre todo porque serviría para que el grupo de Moreno Valle pueda empujar un aderrota contra el PAN.
Dicen los enterados que esta tercera opción podría crecer en caso de que el gobernador, en un gesto de acercamiento al nuevo presidente Enrique Peña Nieto, decida que lo más conveniente para su futuro político es permitir que el PRI recupere la capital.
No es un proyecto descabellado, ya que podría significarle la oportunidad de distanciarse –mediante una derrota en la Angelópolis– con los grupos tradicionales del PAN, con los que nunca ha podido tener un cabal entendimiento. Y al mismo tiempo congraciarse con el PRI de Los Pinos.
Ya que al final de cuentas Moreno Valle sigue actuando como un gobernador priista.
Se siente mejor y llega a más acuerdos con los grupos del PRI que con el PAN u otra fuerza política.
