Desde que arrancaron las campañas se evidenció que Josefina Vázquez Mota era una mala candidata presidencial, que sus yerros y su discurso hueco, carente de atractivos, la iban a marginar de la contienda, tal como acabó ocurriendo. Esa situación despertó una par de interrogantes: ¿cuál iba a ser el comportamiento del presidente Felipe Calderón frente a ese escenario? y ¿a quién iba a acabar ayudando, a Enrique Peña Nieto o Andrés Manuel López Obrador, en caso de que no se repusiera la abanderada albiazul?
A unos días de la elección, han aparecido elementos para suponer que las actuaciones del gobierno federal y del presidente Calderón son tendientes a beneficiar a Enrique Peña Nieto, pese a que se tenía la percepción de que el mandatario permitiría todo, menos que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) regresara a Los Pinos.
Esa visión se tenía porque dicen que Felipe Calderón, en su época de legislador federal y de dirigente del Partido Acción Nacional (PAN) en varias ocasiones confesó, palabras más, palabras menos: “Mi padre me enseñó a odiar al PRI”.
Por esa razón se llegó a especular que el jefe del Poder Ejecutivo federal podía acabar beneficiando una alternancia en la cual el nuevo presidente de la República fuera Andrés Manuel López Obrador, pese a que fue su rival en la enconada contienda de 2006.
Hace unos días sorprendió que Calderón definió que la lucha por la presidencia de la República no está definida y que podía ganar cualquiera de los tres candidatos punteros, luego de que los ocho principales estudios demoscópicos que han medido los índices de preferencias electorales han ubicado a Vázquez Mota en un tercer lugar con nulas posibilidades de remontar.
Además, se sabe que en las últimas tres semanas se aceleró la presión para que los programas federales sean condicionados en zonas rurales, indígenas y suburbanas para sacar adelante una votación a favor de la abanderada albiazul.
Calderón se había mostrado ausente del proceso electoral. El gobierno federal actuaba contra el PRI mediante el uso faccioso de las investigaciones ministeriales que se siguen a destacados personajes del Revolucionario Institucional por supuestas ligas con el crimen organizado. Sin embargo, se cuidaban las formas para que Calderón no se viera directamente involucrado.
Desde hace un par de semanas eso cambió y se ha visto a un presidente echado para adelante en la lucha por la silla presidencial. No solamente porque Calderón ha buscado refutar a López Obrador acerca de sus propuestas de hacer un ahorro en los gastos de gobierno por hasta 300 mil millones de pesos y abaratar el precio de los combustibles, sino también por la definición, sin mencionar su nombre, de que Vázquez Mota todavía pueda ganar.
¿Realmente el presidente cree que el PAN tiene posibilidades de seguir controlando el Poder Ejecutivo federal otros seis años más? La respuesta a esta interrogante es: a estas alturas, nadie en su sano juicio cree que Josefina Vázquez Mota puede remontar, y si llegara a ganar, sería un triunfo atípico y carente de toda credibilidad.
¿Entonces cuál es el juego de Felipe Calderón? Parecería que sus acciones de las últimas semanas se encaminan a un rumbo: Evitar que crezca el llamado “voto útil” a favor de Andrés Manuel López Obrador, y de esa manera se estaría intentando allanar el camino a Enrique Peña Nieto con rumbo a los Pinos.
El alto crecimiento que tuvo Andrés Manuel López Obrador y que lo puso en una competencia cerrada con Enrique Peña Nieto es consecuencia de una combinación de factores, pero destaca el siguiente componente:
Un importante sector de la clase media, que generalmente se identifica ideológicamente con el PAN o vota por este partido por meras simpatías, sin entender las nefastas consecuencias de un gobierno de corte derechista, por lo general tiene como principal característica que son familias anti–priistas.
Y ese sector de la población al ver que se ha desplomado Josefina Vázquez Mota, con tal de no ver al PRI de regreso a la presidencia de la República, estaba optando por el “voto útil”, que es buscar sufragar por López Obrador para evitar que el tricolor gane la contienda.
En esa lógica, la actitud de Calderón de lanzar mensajes públicos de que el PAN todavía pueda ganar, junto con el re–impulso que algunos medios de comunicación electrónicos están dando a la campaña de Josefina Vázquez Mota, a quien apenas hace un par de semana deban por muerta en la contienda, es tendiente a buscar frenar el “voto útil” hacia Andrés Manuel López Obrador.
Lo que estaría buscando el presidente, el PAN y algunos medios de comunicación electrónicos es que Vázquez Mota pueda recuperar de última hora algunos puntos porcentuales el día de la votación, para que esos sufragios no se sumen al aspirante de las izquierdas.
A nivel de la contienda presidencial cada punto en el resultado electoral es un promedio de 800 mil sufragios. Por tanto, si logran que Vázquez Mota pueda sacar de última hora tres o cuatro puntos más, comparado con el actual nivel de preferencias, podría significar quitarle entre 2 y 3 millones de votos al abanderado del Movimiento Progresista.
Y ante una lucha cerrada entre Peña Nieto y López Obrador, el éxito o el fracaso de esa operación que está haciendo el panismo de última hora podría significar el triunfo o la derrota de uno de esos dos contendientes.
Dicho en otras palabras, la actitud asumida por Calderón en los últimos días parece una actitud perversa a favor del PRI. O por lo menos esa es la percepción que por ahora se tiene.
Ante ese escenario, es fundamental que Andrés Manuel López Obrador cierre su campaña haciendo un último esfuerzo para captar el “voto útil” y para evidenciar que los panistas ya optaron por dejar que Enrique Peña Nieto sea el próximo inquilino de la casa presidencial.
