Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
El fenómeno delictivo de matar a alcaldes y ex ediles que se ha detonado en el presente sexenio no ha encontrado una respuesta seria, profunda, comprometida, de parte de las autoridades locales, sino que se ha recurrido al artificio al estilo de la conductora de Televisa Andrea Legarreta de decir que la muerte de presidentes municipales no afecta la seguridad y la vida en el estado de Puebla, ni mucho menos pone en riesgo la vida de los munícipes que viven en la zona del llamado “triángulo rojo”, que es donde imponen su ley las bandas de huachicoleros.
Diódoro Carrasco Altamirano, el flamante titular de la Secretaría General de Gobierno, es quien se ha encargado salir decir, al estilo de conductores televisivos, que con el asesinato de alcaldes no pasa nada, no se daña la vida pública en la entidad poblana.
Hagamos un poco de memoria: en enero de 2016 la opinión pública empezó a mostrarse nerviosa por que se desató el alza del dólar y se presume que desde el gobierno federal se tuvo la desastrosa idea de disfrazar en doctos de economía a dos conductores de Televisa, Andrea Legarreta y Raúl Araiza, quienes frente a la pantalla, principalmente la primera, lanzaron las siguientes joyas:
“No porque suba el dólar sube el precio de todo lo que las familias consumimos”.
“Lo que pasa con el dólar no tiene impacto en nuestra economía”, pues según Legarreta como va tan bien la economía mexicana, no le pasa nada con los desajustes en los mercados mundiales. Como si el desplome del precio del petróleo no tuviera deprimida a las finanzas públicas del país.
Cuando se desató una ola de cuestionamientos contra los personajes de Televisa, la señora Legarreta tuvo el desliz de confesar que no cree en todo lo que dice al aire y es parte de un guión que les escriben para intentar trasmitirlo con mucha convicción. Desde entonces la conductora se ha vuelto objeto de burlas en redes sociales, en donde se le hacen montajes siempre negando la realidad evidente, con frases para hacer creer que no pasa nada malo alrededor de la población o que escapan del sentido común.
Guardando las proporciones, Diódoro Carrasco asumió una actitud como la de la señora Legarreta para hablar de la muerte de alcaldes en el presente sexenio y en general de la crisis de inseguridad que se vive en la entidad. Luego de reconocer que han matado a dos ediles y a dos ex alcaldes a lo largo del sexenio, el funcionario definió:
Que el asesinato de alcaldes no vulnera la seguridad pública en el estado de Puebla.
Y que no están en riesgo las vidas de los alcaldes de la entidad, sobre todo los que viven en zonas de alta incidencia delictiva. Que ninguno ha solicitado protección.
Las palabras de Diódoro Carrasco muestran que en el gobierno del estado no hay enojo, indignación, rabia, agravio, por la muerte de ediles, y que se quiere reducir lo ocurrido a la conclusión de que: “aquí no pasa nada”.
¿Por qué el homicidio de alcaldes y ex ediles debería provocar una respuesta más airada, severa, radical, del señor Diódoro Carrasco y en general de los tres poderes públicos del estado?
Primero: porque en los tres anteriores sexenios no hubo asesinatos de alcaldes en el estado de Puebla.
Segundo: un edil es la máxima autoridad en un municipio y el que un alcalde sea amedrentado, perseguido, vapuleado o pierda la vida, acaba generando crisis de gobernabilidad y estabilidad social en las comunidades en que gobierna.
Tercero: antes los delincuentes no se metían con los alcaldes, con los ex ediles, con legisladores locales y federales, con los regidores, porque sabían que si algo les pasaba había una respuesta fuerte y certera del aparato de procuración de justicia del estado.
Cuarto: el homicidio y la larga lista de alcaldes amenazados por la delincuencia a lo largo del presente sexenio es una muestra de que el crimen organizado en Puebla ya no le tiene miedo a las instituciones públicas, al gobierno del estado y que se siente intocable.
Quinto: que los criminales tienen más poder que los cuerpos policiacos. Sobre todo los municipales, cuyos integrantes en casi todos lados están mal pagados, mal armados, mal capacitados y mal controlados.
Sexto: el poder de los huachicoleros está creciendo desorbitadamente. No solo tienen amenazados a un número importante de ediles, sino que muchos de los miembros de estas bandas seguramente en 2018 van a querer brincar a la conquista de ayuntamientos.
Séptimo: si en Puebla ya matan a un alcalde sin mayores dificultades, tal como también pasa en Michoacán, Morelos, Guerrero y Chiapas, entonces qué podemos esperar los ciudadanos de a pie, que no tenemos bajo a nuestras órdenes a policías municipales, empleados, choferes y regidores.
Octavo: si Diódoro Carrasco no atiende con seriedad y con fuerza la inseguridad que asola a los alcaldes, Puebla seguirá caminando a un clima extremo de violencia, de inseguridad, en donde los territorios pasarán a ser propiedad de las mafias.
