Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
Nuestra clase política –toda, sin excepciones– tiende mucho a mentir, actuar con cinismo o plantear escenarios ficticios. Por eso es muy complicado saber cuándo nuestros gobernantes hablan con la verdad, con franqueza o apegados a la realidad. Dicha condición viene a colación por las recientes palabras de Rafael Moreno Valle Rosas, quien se pronunció por alentar el debate dentro de los partidos, entre gobernantes y legisladores. Al escuchar estas palabras sólo puede haber una reacción, un cuestionamiento: ¿De qué demonios está hablando el mandatario poblano, si es un personaje alérgico a la discusión de ideas?
A lo largo de los cinco años y siete meses que lleva el actual sexenio en Puebla hemos vivido una autocracia, ya que hemos tenido un régimen en el que gobierna una sola persona con poder total, sin escuchar consejos de nadie, sin tener contrapesos y sin permitir que nadie discuta con él.
Rafael Moreno Valle en estos ya casi seis años no permitió el más mínimo debate de nada. No escuchó las criticas y castigó a muchos políticos que quisieron levantar la voz, opinar, ejercer un contrapeso, manifestar una inconformidad.
Por esa razón ha sido el gobernador de los últimos 30 años que ha tenido menos asesores, porque en su gobierno únicamente se escucha su voz y nadie puede disentir, opinar, cuestionar o contradecir al huésped de Casa Puebla.
Hace un par de días interrogaron a Moreno Valle acerca de la propuesta del Comité Ejecutivo Nacional del PAN de reducir el número de spots que utilizan los partidos en medios de comunicación electrónicos y aumentar las espacios de debate, a lo que el mandatario, de manera sorpresiva, respondió:
No solo dijo estar de acuerdo, sino expresó que está en contra de que los debates sean un “patrimonio” de los presidentes de los partidos. Y en el caso específico del PAN dijo que no es una fuerza política que esté representada por una sola persona.
Y fue más allá, se pronunció por fomentar el debate entre gobernantes y legisladores del ámbito estatal y federal para que se puedan contrastar las formas de gobernar de cada partido político.
Al escuchar esas palabras de inmediato surgió una pregunta en la cabeza de este tecleador: ¿Cuándo ha permitido aunque sea un pequeño debate Rafael Moreno Valle Rosas dentro o fuera de su gobierno, en el PAN, en el Poder Legislativo, con la prensa? La respuesta es muy clara: Nunca lo ha permitido.
El anterior presidente del PAN, Rafael Micalco Méndez, quien además le abrió las puertas del albiazul a Moreno Valle cuando renunció al PRI en el año 2006, sufrió una persecución que casi le costó ir a la cárcel por la sencilla razón de que como dirigente panista quiso exigir gestiones ante el gobierno del estado, presentar quejas por mal funcionamiento de las instituciones públicas y ser un contrapeso.
Más patético es que el actual presidente estatal del PAN, Jesús Giles Carmona, es un cero a la izquierda, es un dirigente mudo en las filas del albiazul, porque lo pusieron para llenar el hueco del cargo y que no se viera tan burdo que quien toma las decisiones es la esposa del gobernador, Martha Erika Alonso de Moreno Valle Rosas.
Si cree Moreno Valle Rosas realmente que en el PAN no solamente hay una persona que representa al partido, es necesario preguntarse: ¿por qué los allegados al ex edil de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, se tuvieron que ir a otros estados del país o al extranjero a buscar trabajo? La contestación es: porque les cerraron toda participación en los ayuntamientos de la entidad poblana y sobre todo, en la vida interna de Acción Nacional.
¿En el Congreso del estado se ha escuchado la opinión de los diputados del PAN o de las fuerzas aliadas al morenovallismo? Fuera de dos o tres personajes, el resto de los legisladores no pueden hablar. No tienen permiso. Los reporteros de la fuente ignoran si es grave o agudo el timbre de voz de la mayoría de los legisladores afines al gobernador.
En general en el Congreso nada se discute, debate o analiza lo que ahí se aprueba. En este sexenio se han llegado a lo aberrante de que se han fraguado reformas en menos de un día o los legisladores votan muchos asuntos sin saber de qué se tratan. Algo que no solamente pasa con los morenovallistas, sino con los priistas.
Ejemplo: en una ocasión los diputados priistas encabezados por el morenovallista édgar Salomón se estaban armando de valor para ir en contra del proyecto de privatización del agua potable, hasta que alguien les comunicó que ya habían votado meses atrás –sin percatarse de ello– una reforma que permitía entregar ese servicio a manos particulares.
En el PAN a los militantes los disciplinan o los callan a manotazo, pero fuera del ámbito de ese partido el disentir, el querer refutar al gobernador, le puede costar ir a la cárcel a cualquiera.
La lista de presos, perseguidos o procesados judicialmente por no estar de acuerdo con Rafael Moreno Valle rebasa los 250 activistas. Y existe la amenaza de que seguirá creciendo ese número de personajes reprimidos.
No cabe duda que Rafael Moreno Valle anda en campaña.
Por eso se pone a sonreírle a lo que no le gusta, como son los debates.
Si continúa con esa dinámica, en breve se va a poner a bailar reggaeton.
