Este 1 de septiembre de 2026 se cumplen 101 años de que el Banco de México abrió sus puertas. La Ley Constitutiva se promulgó el 25 de agosto de 1925, durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, y la institución inició operaciones pocos días después, en una ceremonia celebrada en el edificio del Banco de Londres y México, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
No nació por capricho institucional. Nació para poner fin a décadas de desorden monetario. Después de la Independencia y, sobre todo, tras la Revolución, el país convivió con una anarquía financiera: múltiples bancos privados emitían su propio papel, la confianza en la moneda se erosionaba y el Estado carecía de un instrumento único para regular el dinero en circulación. La Constitución de 1917 ya había señalado el camino –un solo banco de emisión a cargo del Estado–, pero la institución tardó casi ocho años en materializarse. Su apertura cerró un ciclo de inestabilidad y sentó una de las bases del Estado mexicano moderno.
Qué es y para qué sirve
El Banco de México es el banco central del país. No es un banco comercial al que se acude a abrir una cuenta o pedir un crédito. Su mandato constitucional, vigente con autonomía plena desde abril de 1994, es claro: preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional. En lenguaje cotidiano, eso significa cuidar que el peso no se devalúe de manera desordenada y que la inflación se mantenga baja y estable.

Aspecto interior del Museo del Banco de México, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Foto: museobancodemexico.mx
Junto a ese objetivo prioritario, la ley le asigna dos finalidades complementarias: promover el sano desarrollo del sistema financiero y propiciar el buen funcionamiento de los sistemas de pagos. En la práctica, Banxico es quien emite los billetes y monedas de curso legal, regula cuánto dinero circula, influye en las tasas de interés, participa en la política cambiaria y actúa como banco de bancos y agente financiero del Gobierno federal, sin que ninguna autoridad pueda obligarlo a financiar el gasto público. Esa prohibición es el corazón de su autonomía: evita que la impresión de dinero se convierta en un atajo inflacionario.
Cómo funciona
Las decisiones de política monetaria no las toma una sola persona. Las toma la Junta de Gobierno, un órgano colegiado de cinco integrantes –un gobernador y cuatro subgobernadores– designados por el presidente de la República y ratificados por el Senado. Operan con independencia de gestión y presupuesto, rinden cuentas al Congreso y comunican sus decisiones con regularidad para que hogares, empresas e inversionistas puedan anticipar el rumbo de la economía.
A lo largo de un siglo, la institución pasó de unificar un sistema fragmentado a fabricar sus propios billetes –la Fábrica de Billetes de la Ciudad de México comenzó a operar en 1969 y más tarde se sumó la de Jalisco–, a consolidar su autonomía y a convertirse en un referente de credibilidad. Su historia es, en buena medida, la historia de cómo México aprendió a dar certidumbre a su moneda.
Una invitación al origen
Quien quiera ver esa historia de cerca puede cruzar la puerta del Edificio Principal. El Museo del Banco de México, en avenida 5 de Mayo número 2, frente a Bellas Artes, abre de martes a domingo de 11:00 a 17:00 horas. La entrada es gratuita, previa reserva en museobancodemexico.mx o adquiriendo tus boletos en taquilla. Allí se recorre el vestíbulo art déco, las salas sobre el dinero y las funciones del banco central, la colección numismática y una bóveda histórica con una experiencia inmersiva. Un recorrido de hora y media a dos horas basta para entender, con calma, qué hay detrás de cada billete que llevamos en la cartera.
Cien años después de aquella mañana de 1925, Banxico sigue siendo, ante todo, una institución de confianza: la que procura que el dinero de todos conserve su valor.
