Las últimas encuestas que se han levantado en Puebla deberían prender “los focos rojos” en el Partido del Trabajo, pues los sondeos arrojan que el PT tiene una intención del voto que oscila entre un 2 y 3%, situación que lo pone en riesgo de desaparecer el próximo año de la escena electoral del estado. Dicha situación es un reflejo de tres problemas fundamentales que aquejan a dicha fuerza política, que son: una desorganización de sus estructuras partidistas, la carencia de una militancia activa y la falta de liderazgos fuertes.
Lo grave de esta situación es que al parecer los dirigentes del PT no se han enterado de la crisis en que se encuentra dicha fuerza política, toda vez que los problemas antes expuestos quedaron exhibidos –este jueves– en la realización del Congreso Estatal del Partido del Trabajo.
Si se quiere resumir lo que pasó en este evento del PT es fundamental utilizar la siguiente expresión: todo fue un verdadero desastre.
Desde lo más elemental todo salió mal. Empezando por el espacio seleccionado para llevar a cabo el evento, que fue el auditorio Arema, de la plaza comercial Explanada Puebla, que se ubica en el Periférico, a la altura de la comunidad de Santiago Momoxpan, del municipio de San Pedro Cholula. Para muchos de los asistentes, que venían del interior del estado, era un lugar desconocido y alejado.
Uno de los aspectos más sorprendentes es que al acto, programado para la tarde de este 27 de agosto, llegaron cientos de personas, que alcanzaban para llenar el recinto, pero se interpuso un pequeño gran problema: la gente se colocó afuera del auditorio y no entró al inmueble la mayor parte del tiempo que duró la asamblea estatal del Partido del Trabajo.
Se percibieron dos problemas muy claros: no había nadie organizando el ingreso de los asistentes al evento partidista. Un grave descuido de la senadora Lizeth Sánchez García, quien es la dirigente estatal del PT.
Y muchos de los que llegaron al evento solo acudieron a “pasar lista” y no mostraron interés de participar, de escuchar los muchos discursos que se pronunciaron, en donde se dijo hasta el cansancio que el PT “se ha multiplicado los últimos años” y que es parte fundamental de la 4T.
Esa apatía se debía a algo muy evidente: muchos de los asistentes son trabajadores y padres de familia de los Centros de Desarrollo Infantil, los llamados Cendis, que son controlados por la familia del líder nacional del PT –o mejor dicho el dueño del partido–, Alberto Anaya Gutiérrez.
Lo peor de lo ocurrido es que los verdaderos militantes del PT y hasta los que llegaron como “acarreados” fueron puntuales. Se les citó a las cinco de la tarde y minutos antes de esa hora ya estaban en Explanada Puebla.
Quienes no fueron puntuales ni formales eran los que debían poner el ejemplo: los líderes del Partido del Trabajo.
El más rezagado de todos fue la figura central del congreso: Alberto Anaya, mejor conocido como “El Profe Anaya”.
Alejandro Armenta Mier, el gobernador del estado, llegó al evento para encontrarse con la ausencia de Anaya. Su agenda no le permitió quedarse a esperar más allá del tiempo programado y tras dar un breve discurso, en tono amable y conciliador, se retiró al expresar que debía atender otros actos públicos.
Quitado de la pena, el presidente nacional del PT llegó hasta después de las 6:30 de la tarde. Argumentó que había mucho tráfico en la autopista México-Puebla.
Su discurso fue carente de emociones o novedades. Un mensaje acartonado y que solo conmovió a los miembros de la cúpula del partido, pero que no generó mucho impacto en las bases del PT.
¿De qué puede hablar este personaje? Pues solamente de seguir conservando el poder. Anaya es dirigente del Partido del Trabajo desde el 8 de diciembre de 1990, es decir, lleva 36 años al frente de dicha fuerza política.
Y por si fuera poco: su actual periodo como presidente petista fenece en el año 2031 y ahí no termina todo, tiene derecho a volverse a reelegir hasta el año 2037.
Con esas características resulta un contrasentido hablar de democracia o libertades en la vida interna del PT.
Y se exhibe que el PT no hace nada para crecer como partido o. Es una fuerza política que se mantiene activa por su alianza con Morena, que le regala un poco de popularidad.
