Pasamos horas frente a la pantalla revisando redes sociales, contestando mensajes, viendo videos o trabajando desde un dispositivo electrónico. Aunque la tecnología ha facilitado la comunicación y el acceso a la información, especialistas advierten que el uso excesivo del mundo digital también está dejando huellas en la salud mental.
Ansiedad, estrés, insomnio, baja autoestima e incluso síntomas de depresión, son algunos de los problemas que se han relacionado con el consumo constante de contenido en plataformas digitales. La comparación con vidas aparentemente “perfectas”, la necesidad de obtener aprobación mediante “likes” y la presión por mantenerse siempre conectado pueden afectar el bienestar emocional de personas de todas las edades, especialmente de adolescentes y jóvenes.
Uno de los fenómenos que más preocupa a psicólogos y expertos es el llamado “doomscrolling”, que consiste en pasar largos periodos consumiendo noticias negativas o contenido preocupante sin poder dejar de hacerlo. Esta práctica puede aumentar la sensación de angustia y generar una percepción de que el mundo está en constante crisis.
A ello se suma el miedo a perderse de algo, conocido como FOMO (Fear of Missing Out), una sensación que lleva a muchas personas a revisar constantemente sus teléfonos por temor a quedar fuera de conversaciones, tendencias o experiencias compartidas en redes sociales.
Sin embargo, la tecnología no es la enemiga. Diversos especialistas coinciden en que el problema no radica en el uso de las plataformas digitales, sino en el tiempo que se les dedica y en la forma en que influyen en la vida cotidiana. Las redes sociales también pueden convertirse en espacios para aprender, emprender, mantenerse informado e incluso encontrar comunidades de apoyo emocional.
Ante este panorama, expertos recomiendan establecer horarios para el uso del celular, evitar revisar redes antes de dormir, desactivar notificaciones innecesarias, realizar actividades al aire libre y fortalecer la convivencia cara a cara con familiares y amigos.
En México, la conversación sobre la salud mental ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, impulsando campañas para promover el autocuidado emocional y recordar que pedir ayuda profesional cuando se experimentan síntomas persistentes de ansiedad, depresión o estrés es una medida de cuidado, no un signo de debilidad.
En una época donde la conexión a internet es prácticamente permanente, el verdadero desafío parece ser encontrar un equilibrio entre la vida digital y el bienestar personal. Porque, aunque la tecnología acerca a las personas con un solo clic, también es importante aprender a desconectarse para cuidar la salud mental.
