Corre fuerte el rumor en el epicentro del poder nacional: el muy patriótico mes de septiembre está marcado en el calendario de Adán Augusto López Hernández para pedir licencia al Senado de la República.
Este impresentable de la política nacional es literalmente insostenible ante la presión estadounidense contra los narcopolíticos de Morena. De los 13 en la mira del gobierno de Donald Trump, el ex gobernador tabasqueño es objetivo prioritario.
Ya hay acuerdo firme entre su “hermanito” –el que vive exiliado en “La Chingada”– y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien así, por fin, se quitará de encima a una de las más perniciosas sombras del obradorato.
Públicamente se argumentará que Adán Augusto deja su escaño “para hacer trabajo electoral de tierra” hacia el 2027. Lo cierto es que será una defenestración en toda regla. Y un blindaje necesario y urgente para una 4T herida y en tiempos turbulentos.
Una caída que alcanzará inevitablemente a uno de sus principales aliados, el poblano Ignacio “Nacho” Mier Velazco. El mismo que, desde la presidencia del Senado, no solo sigue soñando con la gubernatura de Puebla, también con garantizar la reelección del orgullo de su nepotismo, el diputado federal por Ciudad Serdán, Ignacio Mier Bañuelos –el “Fredo” de la Famiglia.
¿Cuánto afectará a Nacho Mier la caída de su compadrito querido y cómplice de tantas aventuras? ¿Lo arrastrará el tsunami? Está por verse. Pero mientras tanto, puede seguir bailando, dichoso, hasta que… la música deje de sonar.
