Ana Teresa Aranda Orozco ha irrumpido como una opción fuerte del PAN para competir por la alcaldía de Puebla, pues su aspiración ha sido bienvenida por la militancia albiazul y ha empezado a ser factor de cohesión en las filas del partido de la derecha. Ante ello la reacción de Morena –en voz de uno de sus voceros– ha sido la de calificar a la panista como “un cadáver político”, que solo sale a buscar “una chamba política” y advierte que, si es postulada, será garantía de “una derrota anticipada”.
Como simples frases propagandísticas no está mal las críticas que adoptó Morena frente el hipotético escenario de que Ana Teresa Aranda sea la candidata por la capital. Como valoración política, están equivocados los dirigentes morenistas al considerar que la panista perdió su competitividad electoral.
El problema, para el partido Regeneración Nacional, es que sus dirigentes se crean como reales esos conceptos y minimicen el riesgo que representa esta mujer que se ha curtido en enfrentar complejas contiendas electorales y que fue de los pocos actores políticos de Puebla que tuvo la valentía y coraje para enfrentarse al autoritarismo del extinto ex gobernador panista Rafael Morena Valle Rosas.
Aranda se ha constituido como la segunda opción fuerte para competir por la Presidencia Municipal de la capital, en caso de que la ex edil priista Blanca Alcalá Ruiz decida no buscar la nominación panista.
Ante ello, es pertinente hacerse la pregunta, sin caer en denuestos: ¿es realmente Ana Teresa Aranda “un cadáver político”?
Se puede suponer que un factor en contra de la panista son sus 71 años que, tal vez, le restan el dinamismo físico que implica enfrentar un largo periodo de más de un año para promoverse, ganar la candidatura y salir a hacer campaña electoral. Aún así es loable que a su edad esté activa y dispuesta a salir de nuevo a las calles a buscar el voto ciudadano.
Desde el punto de vista político, para nada “es un cadáver”, como dicen en Morena o algunos dirigentes del PAN.
La ex presidenta estatal del PAN tiene tres factores que le podrían darle una poderosa ventaja electoral.
Primero: desde hace más de un año, ha sido muy crítica con la dirigencia y los legisladores de su propio partido, al advertir que el PAN está “adormilado” frente a los gobiernos de Morena.
Ha cuestionado que no hay oposición –desde las filas panistas– en contra del universo político de la 4T.
Esa condición le puede llevar no solo a convertirse en una candidata atractiva para la militancia del PAN, sino para todos los electorales de la capital que, sin ser panistas, son votantes “anti 4T”. Es decir, son ciudadanos que no se identifican con un partido político, pero sufragan en contra de Morena.
Es importante recordar que, en el proceso electoral de 2021, las encuestas daban como ganadores a los candidatos de Morena en los municipios de Puebla, San Andrés y San Pedro Cholula, Cuautlancingo y Coronango, pero al final salió a flote ese voto no militante y que es de derecha, que hizo perder a los aspirantes morenistas.
Aranda podría ser una figura atractiva para todos los votantes anti-Morena, incluyendo a los militantes panistas y los que están al margen de los partidos políticos.
Segundo: desde hace tres meses en que, un grupo de mujeres panistas, la empezaron a impulsar como aspirante a ser la candidata de la capital, la militancia del PAN ha reaccionado con entusiasmo e identidad en torno a su persona.
Muchos la empiezan a ver como un factor de cohesión entre las dos corrientes dominantes en el partido, que son los grupos de Eduardo Rivera Pérez y Mario Riestra Piña.
Y el principal problema que enfrenta el PAN es que el partido está fracturado. No hay unidad entre sus facciones.
Tercero: si algo gusta en el universo panista es su congruencia. Ana Teresa Aranda desde que, en el año 2006, Rafael Moreno Valle Rosas dejó el PRI y se pasó al PAN, señaló que el político poblano no representaba la identidad del partido de derecha.
Eso la llevó a renunciar a su larga militancia panista, a ser una perseguida política del morenovallismo que la quiso encarcelar y que, en el año 2016, fuera candidata independiente a la gubernatura para enfrentar a Moreno Valle.
Regresó al PAN porque se lo pidió la dirigencia nacional panista en el año 2018. No solo fue un ejemplo de resistencia contra el autoritarismo morenovallista, sino que se convirtió en un símbolo de identidad panista.
Además, es necesario recordar su trayectoria: ya fue presidenta del PAN, dos veces candidata a la gubernatura y una a la alcaldía de la capital. hizo múltiples actos de resistencia civil contra los gobiernos del PRI, fue diputada federal, tres veces estuvo en el gabinete presidencial. Es una trayectoria que pocos políticos de Puebla tienen.
