En la madrugada de este viernes 29 de mayo, un dron ruso del tipo Geran-2 (similar al Shahed iraní) impactó la azotea de un edificio de 10 pisos en la ciudad portuaria de Galați, al este de Rumanía y a solo unos 11 kilómetros de la frontera con Ucrania. El impacto provocó un incendio en el décimo piso, hirió a dos personas (una mujer y un niño con heridas leves) y obligó a la evacuación de alrededor de 70 residentes.
Según el Ministerio de Defensa rumano, el dron formaba parte de un ataque nocturno ruso contra objetivos ucranianos cerca del río Danubio. Fue detectado por radares rumanos durante varios minutos; se activaron dos cazas F-16, pero no se interceptó a tiempo. Las autoridades creen que el dron pudo haber sido dañado por las defensas antiaéreas ucranianas y cambió su trayectoria antes de cruzar la frontera.
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Este es el primer incidente en el que un dron ruso causa heridos en territorio rumano, aunque se han registrado al menos 28 violaciones previas del espacio aéreo rumano desde que Rusia intensificó sus ataques contra puertos ucranianos en el Danubio.
Reacciones internacionales
La OTAN reaccionó con firmeza. El secretario general Mark Rutte afirmó que la Alianza “está lista para defender cada centímetro de territorio aliado” y condenó la “imprudencia” de Rusia. La Unión Europea, a través de su presidenta Ursula von der Leyen, señaló que “la guerra de agresión de Rusia ha cruzado otra línea”.
Rumanía convocó al embajador ruso, celebró una reunión de emergencia del Consejo Supremo de Defensa Nacional y solicitó a la OTAN acelerar el envío de sistemas antiaéreos y antidrón. El presidente rumano Nicusor Dan subrayó que su país “no aceptará bajo ninguna circunstancia que la guerra se traslade a sus ciudadanos”.
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Hasta el momento, Rusia no ha asumido responsabilidad directa y ha calificado las acusaciones de “no probadas”, sugiriendo en algunos canales que podría tratarse de un dron ucraniano. Kiev, por su parte, condenó el incidente y reafirmó su solidaridad con Rumanía.
El suceso eleva la tensión en el flanco este de la OTAN y genera nuevos llamados a fortalecer las defensas aéreas en la región del Mar Negro. Analistas advierten que, aunque aparentemente no fue un ataque intencional contra Rumanía, pone de manifiesto los riesgos de una escalada involuntaria del conflicto ucraniano hacia territorio de la Alianza Atlántica.
