De cada 100 pesos que gasta un hogar mexicano promedio, 37.7 pesos se destinan solo a alimentos, bebidas y tabaco. Le siguen el transporte (19.5%) y la vivienda con servicios básicos como energía eléctrica y combustibles (alrededor del 9-15%, según el desglose).
En conjunto, estos tres rubros básicos absorben cerca de siete de cada 10 pesos del presupuesto familiar. Así lo revela la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), publicada en julio de 2025.
El gasto corriente monetario promedio de un hogar en 2024 fue de 15 mil 891 pesos al mes (47 mil 674 pesos trimestrales). De ese monto, los alimentos, bebidas y tabaco representaron 17 mil 982 pesos trimestrales (unos 5 mil 994 pesos mensuales). El transporte sumó 9 mil 319 pesos trimestrales, y la vivienda y servicios básicos otro tanto significativo. Estos números no son abstractos: para millones de familias significan que la mayor parte del ingreso se evapora en lo esencial para sobrevivir.
En la vida diaria, esto se traduce en decisiones constantes de supervivencia. Una familia tipo en una ciudad media gasta la mayor parte de su sueldo en la despensa (carnes, cereales, verduras y comidas fuera de casa), el transporte para ir al trabajo o escuela (gasolina, camión o Uber) y el pago de renta, luz, agua y gas. Apenas quedan recursos para lo demás: el gasto en salud representa solo el 3.4% del total (alrededor de mil 605 pesos trimestrales), la educación y esparcimiento el 9.6%, y el vestido o calzado menos del 4%.
El ocio, las vacaciones o incluso una consulta médica de rutina se convierten en lujos que se posponen. Muchas familias terminan endeudándose o sacrificando calidad en la alimentación para cubrir lo básico.
La realidad cambia drásticamente según el nivel de ingresos, según el análisis de México ¿Cómo Vamos? con base en la misma ENIGH. En los hogares más pobres (decil I,
los de menores ingresos), el gasto en alimentos, bebidas y tabaco absorbe más del 52% del presupuesto (más de la mitad del ingreso corriente). Prácticamente no queda margen para otros rubros: la salud representa alrededor del 3.9% del ingreso y la educación cae aún más.
Estas familias viven al límite; cualquier aumento en el precio de los alimentos o la gasolina puede significar recortes en medicinas o dejar de pagar la luz.
En contraste, los hogares de mayores ingresos (decil X) destinan solo el 14% de su presupuesto a alimentos. Esto les deja espacio para diversificar: mayor proporción en transporte de calidad (vehículos propios, apps de movilidad), educación privada (hasta 21% en algunos análisis comparativos), salud de bolsillo y esparcimiento. Mientras un hogar pobre gasta más de la mitad en comer, uno rico invierte en bienes duraderos, ahorros o servicios que mejoran su calidad de vida. La brecha es de 38 puntos porcentuales solo en alimentación.
Los datos de la ENIGH 2024 confirman una tendencia estructural en México: el alto costo de la vida básica comprime el bienestar de la mayoría. Aunque el gasto total creció 7.9% en términos reales entre 2022 y 2024, la inflación en alimentos y servicios esenciales sigue presionando más a los deciles bajos. Para las familias mexicanas, el presupuesto no es un plan de inversión en el futuro, sino una carrera diaria por cubrir lo indispensable. La encuesta, levantada entre agosto y noviembre de 2024 en más de 105 mil viviendas, pinta un retrato claro: en México, el dinero de las familias se va, sobre todo, en no pasar hambre ni quedarse sin techo.
