En el marco de la Gender Week del Tec de Monterrey, Ximena Céspedes, presidenta de Fundación Naná, compartió con una valentía profunda y dolorosa su experiencia personal y las reflexiones que han surgido tras la pérdida de su hija.
Ximena abordó la situación que viven las mujeres en México:
- 7 de cada 10 mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Y cuando deciden salir de una relación tóxica, muchas veces enfrentan el riesgo más alto.
- El tipo de violencia con mayor incremento en los últimos años ha sido la sexual, con 8.4%
- El 60% de los feminicidios fue cometido por una pareja o expareja sentimental.
- El 22.6% fue cometido por algún familiar.
- El 60% de los asesinatos de mujeres se cometieron en el hogar.
Expuso el ciclo de la violencia en el noviazgo, ese patrón que muchas veces se disfraza de amor: comienza con una luna de miel llena de cariño y detalles, pero poco a poco aparece el control, los celos, las explosiones de furia, la ley del hielo, los bloqueos en redes sociales, el acoso y, después, las disculpas acompañadas de grandes ramos de flores, cartas, joyas y discursos que terminan haciendo sentir culpable a la víctima.
El caso de Ana María
Todo esto Ximena lo conoce bien porque lo vivió de cerca con su hija Ana María, una joven brillante de 18 años que estudiaba el primer semestre de Medicina.
Fue víctima de feminicidio el 12 de septiembre de 2023, a manos de su exnovio, en su propia casa y dentro de los primeros 90 días después de haber terminado la relación. El agresor, quien parecía un “chico bueno”, alumno de excelencia y caballeroso, intentó hacer pasar el crimen como suicidio. Una empleada doméstica, que previamente había alertado a Ximena sobre situaciones extrañas, fue quien encontró a Ana María. Ese día, Ximena y su esposo estaban de viaje.
Ana María vivía en una constante tensión y ansiedad que le provocaba malestares físicos; como mamá, Ximena pensaba que se trataba del estrés propio de la universidad. Sin embargo, al detectar algunas acciones que él justificaba como “bromas”, en algún momento le dijo a su hija que esa relación no era sana y que debía dejarlo.
Ana María compartía partes de lo que ocurría con sus amigos y acudía a la psicóloga del campus. Un amigo incluso recibió un mensaje claro de parte de ella: “Si me pasa algo, ya sabes quién fue”. Se lo confió al mostrarle evidencia del acoso y las amenazas que sufría en redes.
Hoy, más de dos años y medio después, el joven permanece en prisión preventiva mientras sus padres buscan sacarlo; se han realizado más de veinte audiencias, muchas de ellas aplazadas.
No sólo es atender, es prevenir
Ximena narró que su decisión de contar públicamente la historia completa, recopilar evidencias y luchar para que la verdad se conozca, se haga justicia y el caso no quede en el olvido. Además tiene muy claro el objetivo de Naná: transformar su dolor en acción a través de Fundación Naná, que se enfoca en llevar estos mensajes de prevención especialmente a las más jóvenes. Aunque la organización no ofrece atención directa, canaliza a quienes la contactan con organizaciones especializadas para la atención de víctimas de violencia.
Pero la prevención de la violencia, dijo, debe atenderse también desde el manejo de la ira y la construcción de masculinidades no violentas, por eso trabaja de la mano con la organización Gendes, que tiene justamente ésta como finalidad.
Ximena presentó el video del Nanocurso Prevención de Violencia en el Noviazgo, donde se propone un test sencillo para ayudar a identificar señales tempranas.
El ejercicio invita a bajar un dedo por cada comportamiento que se reconozca y asignar puntos según su gravedad:
- Amarillas (señales iniciales como humillaciones, bloqueos o críticas a la ropa y amistades), Naranjas (manipulación con culpa y regalos, celos excesivos, revisión del teléfono)
- Rojas (prohibiciones, amenazas, fuerza física o sexual).
Es una herramienta práctica para reconocer que lo que a veces se confunde con “amor intenso” puede ser control y obsesión.
Durante la conferencia, Ximena hizo un llamado sentido a los jóvenes y a todas las personas para no dejar sola a quien está viviendo una situación de riesgo. Invitó a escuchar sin juicio, señalar con claridad las banderas rojas y alertar a la familia cuando sea necesario.
Reconoció que muchas hijas no se acercan a sus madres o a otras personas en busca de ayuda por un sentimiento profundo de vergüenza. Por eso insistió en la importancia de construir redes de confianza entre amigos, familias y docentes, para cuidar a
Una frase suya quedó resonando en la sala: “Hay que decirle a las personas cuando están siendo agresivas, ponerles un alto, decirles para que se den cuenta; nadie le dice a un agresor que es agresor”. Todos tenemos una responsabilidad: señalar la violencia, poner límites y revisarnos a nosotros mismos.
Este mensaje trasciende las iniciativas gubernamentales, como las casas de atención Carmen Serdán en Puebla, o como la ley contra el feminicidio presentada recientemente por el gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum.
Tiene que permear en lo personal, en lo familiar y en lo social. Porque la prevención
empieza cuando aprendemos a ver las señales que, muchas veces, no se ven antes de una tragedia.
¿Y si hubiera sido yo?
Esa pregunta duele, pero también puede salvar vidas.
