En menos de un mes, la capital poblana ha registrado al menos tres robos con el mismo modus operandi en clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el sistema IMSS-Bienestar. Unidades en las colonias Bugambilias, San Bartolo y, más recientemente, la Clínica 21 en la colonia Anzures el 30 de marzo, han sido saqueadas por delincuentes que ignoran los anaqueles comunes para dirigirse específicamente a un objetivo: los medicamentos controlados.
¿Qué son y por qué están bajo llave?
Los medicamentos controlados son sustancias farmacéuticas que, por su composición química y efectos en el organismo, tienen el potencial de generar dependencia física o psicológica, tolerancia o ser utilizados con fines no terapéuticos. Según la Ley General de Salud (LGS) en México (artículos 226 al 245), estos fármacos se dividen en grupos según su peligrosidad y valor médico.
Entre los insumos sustraídos en estas clínicas se encuentran principalmente:
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Opioides: Analgésicos potentes como la morfina o el fentanilo de uso médico, utilizados para tratar el dolor extremo en pacientes oncológicos o tras cirugías mayores.
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Psicotrópicos y Sedantes: Medicamentos como las benzodiazepinas (clonazepam, diazepam) y barbitúricos, empleados para trastornos psiquiátricos, crisis convulsivas o estados de ansiedad severa.
Su resguardo estricto en el área de farmacia no es burocracia, sino una medida de seguridad nacional. La Cofepris exige que estos productos se guarden en cajas fuertes o áreas con acceso restringido, ya que su administración requiere una receta médica especial (con código de barras y folios autorizados) para evitar sobredosis mortales o el desarrollo de adicciones graves.
El “mercado negro” y el valor del desvío
Fuera de las clínicas del IMSS, estos medicamentos adquieren un valor estratosférico por tres vías principales:
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Venta ilegal para consumo recreativo: Muchos de estos sedantes y opioides son buscados por personas con adicciones, quienes pagan precios excesivos en el mercado informal ante la imposibilidad de obtener una receta legal.
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Desvío a la delincuencia organizada: Algunos fármacos controlados son utilizados para “cortar” o potenciar drogas sintéticas, incrementando la peligrosidad de las sustancias en las calles.
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Venta directa sin receta: Existe un mercado de pacientes que, aunque padecen enfermedades reales, optan por comprar en puestos informales o internet para evitar los trámites institucionales, ignorando que los medicamentos robados pierden su garantía de seguridad.
El impacto: pacientes sin alivio
El robo de estos insumos no solo representa una pérdida financiera para el Estado, sino una crisis de salud inmediata para los derechohabientes. Cuando una clínica es saqueada, se interrumpen tratamientos críticos para pacientes con cáncer, pacientes psiquiátricos o personas con enfermedades crónicas dolorosas.
Además, la Cofepris ha emitido alertas sanitarias recientes, advirtiendo que consumir estos medicamentos robados es un riesgo mortal. Al ser extraídos de la cadena de suministro oficial, se pierde el control sobre su temperatura, almacenamiento y autenticidad, pudiendo estar contaminados o ser falsificados, lo que convierte un intento de curación en una amenaza directa a la vida del paciente.
