La eugenesia proviene del griego eu, que significa “bueno”, y genos, que significa “origen o nacimiento”, por lo que el término puede entenderse como el “buen nacimiento”. Se trata, pues, de un método cuyo fin es “mejorar la población” a partir de un control de natalidad que dicta quién se reproduce y quién no. Esta ideología se basa en clasificaciones que son discriminatorias, como por ejemplo las diferencias marcadas entre clases sociales, la raza, las enfermedades mentales y las discapacidades físicas.
Existen personas que sostienen la idea de “mejorar” la población por medio del control y el poder de los genes. Esto para ellos suena maravilloso puesto que operan bajo estándares de un “buen nacimiento”, como no tener discapacidad alguna, ni enfermedades físicas o mentales. Pero bajo esa lógica de categorización muchos, por no decir muchísimos, quedan fuera. Sencillamente, la gran mayoría de la población, al menos en México, no cumple con estas categorías. Así, la eugenesia buscaría erradicar lo que se considera indeseable.
Me pregunto cómo definir qué es una discapacidad. ¿Acaso la palabra discapacidad emerge a partir de las categorías eugenésicas? ¿Por eso es que hoy se nombra discapacitado o enfermo mental a quien no está dentro de la norma eugenésica? Tal parece que la eugenesia entra en la lógica del ideal –y del “progreso”–, dado que la palabra implica el “avance o la mejora de una situación”. Además, sería un absurdo pensar que es posible un progreso pensando que alguien tiene buenos genes y otros no, ya que bajo la lógica del progreso unos ganan pero muchísimos pierden, así que quienes no cuentan con esos “buenos genes” saldrían perdiendo, abriendo cada vez más la brecha de la desigualdad.
Me parece que el alcance de la eugenesia como dispositivo creado con el fin de “mejorar la raza”, hace que quienes no nacen bajo los lineamientos eugenésicos ni siquiera volteen a ver a quienes sí, incluso hasta lleguen a culparlos de las situaciones desfavorables que se viven en la sociedad, sin pensar en la implicación de esos discursos ideológicos en relación con la violencia que se vive hoy. La eugenesia es una verdad absoluta que no vale lo mismo para todos, ya que insiste en reproducir discursos de desigualdad, discriminación y violencia.
Quiero poner un ejemplo basándome en la famosa serie Stranger Things (2016), una serie de ciencia ficción que se remonta a los años 80 en un pequeño pueblo llamado Hawkins. La historia trata de un grupo de niños que a partir de la desaparición de un amigo suyo descubren un mundo paralelo llamado el “Otro Lado”. Los chicos se enfrentan a Vecna, un monstruo con poderes mentales y físicos sobrenaturales que controla el lugar y cuyo objetivo es hacer un “mundo mejor”, sin importar a quién asesinar para lograr su objetivo.
Viendo la serie me da la impresión de que Vecna es similar a Adolf Hitler, quien por medio de su poder ejecutó a quienes consideraba inferiores, o a Trump, que piensa que su verdad, sus “buenas intenciones de un mundo mejor”, valen para todos, usando su poder para eliminar y quitar del camino a quien considera inferior por su ideología racista. Un ejemplo de esto es lo que sucedió al bombardear a plena luz del día un colegio de niñas en Irán. ¿Por qué niñas, por qué mujeres? Me hace pensar que es para que ya no se sigan reproduciendo, pues para el “ideal eugenésico” que busca expandirse por el mundo, esas niñas inocentes no entran en las categorías de los “buenos genes”.
Traigo a colación Stranger Things para hacer una correlación con lo que es la eugenesia y lo expuesto en el coloquio internacional “Contra la perfección. Por un futuro no eugenésico”. Lo que la eugenesia está creando es un nuevo mundo paralelo al actual, como sucede en Hawkins –un Otro Lado–, quitando del camino lo que para quienes controlan y crearon este dispositivo sería un estorbo o lo que sale sobrando para los planes de un “mundo mejor”. La eugenesia se torna una imposición colectiva y una ideología financiada para formar ese Otro Lado, un mundo nuevo, por medio de muchísimos ideales que, insisto, al mismo tiempo son generadores de violencia.
Lo vemos con las narrativas de estos líderes que, a través del terror, el cinismo y la supremacía buscan reorganizar el mundo, el territorio, los cuerpos, las tierras, las sociedades, los genes y la cultura, sin importar que sus actos criminales sean evidenciados, violencias que pasan por encima de quien para ellos no tendrían un lugar en este nuevo orden, como matar niños o encarcelar inocentes. Al mismo tiempo, vemos gente que se identifica con esos discursos y que, además, festeja lo que está sucediendo hoy en Irán, Gaza, Venezuela y Estados Unidos, particularmente con los migrantes. En definitiva, para ellos es “necesario” que unos mueran para que así puedan vivir en un supuesto paraíso sin “violencia” y de superación.
