Todo hace suponer que el PAN le apostará a postular a una mujer en la candidatura a la alcaldía de la ciudad de Puebla y en esa posibilidad la nominación se cierra a solo dos opciones: la exedil Blanca Alcalá Ruiz y la diputada federal Liliana Ortiz Pérez. Ambas representan a las dos facciones que actualmente polarizan la vida interna del partido de la derecha: el neopanismo representado por Mario Riestra Piña y el panismo tradición encabezado por Eduardo Rivera Pérez, respectivamente.
Fuera de Alcalá Ruiz y de Ortiz Pérez no se percibe –por ahora– a ninguna otra figura en la derecha poblana que pudiera tener el potencial para disputarle la contienda a la 4T y que en cuestión de unos meses pudiera posicionarse bien frente a la opinión púbica y, sobre todo, ante los militantes y simpatizantes del blanquiazul, es decir, el llamado “voto duro” de Acción Nacional.
La panista Liliana Ortiz y la expriista Blanca Alcalá están actuando con cautela y no aceptan públicamente que estarían buscando la candidatura.
No obstante, las corrientes internas del PAN ya han empezado a agruparse en torno a los dos proyectos políticos distintos que representan ambas figuras.
Atrás de la posibilidad de que Alcalá pudiera ser la abanderada se intenta construir “una candidatura ciudadana”, alentada por Mario Riestra, el presidente estatal del partido. La intención no solo es atraer el voto panista, sino también de priistas y de otras expresiones políticas que buscan derrotar a la 4T. Aprovechando que la exedil renunció al PRI, pero no se ha afiliado al PAN.
En torno a Liliana Ortiz, la esposa del exalcalde Eduardo Rivera, se está agrupando El Yunque y en general el llamado “panismo puro”, que no acepta candidatos que no sean del PAN.
Sin duda, quien tiene más potencial es Blanca Alcalá Ruiz, pues cuenta con un sólido historial que le ha llevado a ganar tres procesos electorales –uno de diputada local, otro de alcaldesa de la capital y un tercero de senadora–, además de ya haber competido por la gubernatura del estado.
En 2007, logró la hazaña de entrar a la contienda de la capital 20 puntos abajo del PAN y revirtió esa tendencia, para acabar triunfando por más de 15 puntos frente al blanquiazul.
Liliana Ortiz Pérez tiene una militancia de 25 años en el PAN y, hasta ahora, nunca ha sido candidata a un cargo de elección popular, ya que su actual diputación federal es de representación proporcional.
Eso no quiere decir que no tenga experiencia en campañas políticas, pues estuvo en el proyecto de su esposo, Eduardo Rivera, cuando ganó la alcaldía de la ciudad de Puebla en los comicios de 2010 y de 2021.
Una ventaja importante es que Blanca Alcalá gobernó el municipio de Puebla –entre los años 2007 y 2010– y terminó su gestión con un alto índice de aprobación, a tal grado que en ese entonces muchos priistas la impulsaban para que fuera la candidata del PRI a la gubernatura del estado –en las votaciones de hace 16 años–, pero el entonces mandatario, Mario Marín Torres, le cerró esa posibilidad.
En cambio, Liliana Ortiz tendría en su contra los pésimos resultados del último gobierno del PAN en la capital, iniciado por Eduardo Rivera Pérez y concluido por Adán Domínguez, que dejaron un fuerte deterioro de las calles y en general de todos los servicios públicos.
La cohesión, el principal escollo
En el PAN hay un alto grado de confianza de que se puede recuperar la capital en los comicios de junio de 2027. Su nivel de optimismo es mucho mayor al que había en 2024, pues en aquella ocasión no había manera de vencer a Morena y sus aliados.
Para la próxima contienda el PAN enfrenta un escollo difícil de resolver y dos ventajas competitivas.
La principal dificultad que enfrentará el albiazul es que logre salir cohesionado del proceso de selección de candidatos, un propósito que por ahora se antoja difícil de conseguir ya que, en los dos últimos procesos internos del PAN, que fue la elección del Comité Municipal de la capital y la renovación del Consejo Estatal del partido, no se pudo lograr un acuerdo entre las dos corrientes que dividen a esta fuerza política.
En ambas ocasiones arrasó la facción del presidente estatal del PAN, Mario Riestra Piña; pero al mismo tiempo el grupo de Eduardo Rivera Pérez, dos veces exalcalde de la capital, asumió un papel de opositor y se negó a negociar un acuerdo que evitara ahondar las divisiones entre ambas corrientes internas del albiazul.
Por ahora, se percibe un escenario complicado para que ambas corrientes pudieran llegar a acuerdos y se evite entrar al próximo proceso electoral con el partido fracturado.
Una ventaja que tiene el PAN es que es una fuerza política con un alto grado de competitividad y recuperación del voto de la derecha.
Desde que inició la alternancia política en la ciudad de Puebla, hace 31 años, el resultado ha sido el siguiente: el PAN acumula cinco victorias electorales, el PRI, tres, y Morena, dos.
Otra ventaja para el albiazul es que llega al proceso electoral como oposición y buscará aprovechar el desgaste de poder que enfrentan los gobiernos de la 4T. Sobre todo en torno a dos temas: la inseguridad y que no se ha logrado revertir, el deterioro de muchas avenidas de la capital.
