Este martes se conmemora el Día Mundial de la Vida Silvestre, proclamado por la ONU y a menudo referido como Día Mundial de la Naturaleza, bajo el lema oficial “Plantas medicinales y aromáticas: conservar la salud, el patrimonio natural y los medios de subsistencia”. La efeméride pone en el centro del escenario global el rol vital de estas especies para la salud humana, la identidad cultural y la economía local, al tiempo que alerta sobre las amenazas que enfrentan: pérdida de hábitat, sobreexplotación y cambio climático.
En México, segundo país del mundo en diversidad de flora medicinal (con más de 4 mil 500 especies documentadas), el 90% de la población ha recurrido alguna vez a la herbolaria tradicional. Puebla se erige como uno de los epicentros de este patrimonio: su Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán (Patrimonio Mundial de la Unesco) alberga alrededor de 2 mil 700 especies vegetales, de las cuales un alto porcentaje son endémicas de México y muchas se utilizan desde hace milenios en la medicina popular. Mercados como los de Atlixco, Tepeaca, Izúcar de Matamoros y Teziutlán siguen siendo el corazón vivo de esta tradición, donde familias indígenas (náhuatl, mixteca y popoloca) comercializan plantas silvestres y cultivadas que curan desde dolencias digestivas hasta problemas nerviosos.
Especies endémicas poblanas: un tesoro terapéutico con proyección mundial
Entre las joyas de la biodiversidad poblana destacan plantas exclusivas o altamente restringidas a la entidad y regiones aledañas, cuyas propiedades han sido validadas por la etnofarmacología y la ciencia moderna:
- Cnidoscolus tehuacanensis (mala mujer), endémica del Valle de Tehuacán-Cuicatlán, se emplea tradicionalmente como desinflamatorio y antimicrobiano. Estudios científicos confirman sus compuestos antioxidantes y su potencial en tratamientos tópicos
- Agastache mexicana (toronjil morado), endémica de México y ampliamente distribuida en Puebla, Hidalgo, Morelos y Estado de México. Se usa para tratar “el susto”, problemas digestivos y bilis; su aroma y efecto relajante la han convertido en ingrediente estrella de infusiones y preparados comerciales
- Myrtillocactus geometrizans (garambullo), endémica de la zona árida poblana, rica en fibra y betalaínas. Mejora el tránsito intestinal, ayuda a controlar diabetes y enfermedades renales, y sus frutos se industrializan en mermeladas y colorantes naturales
- Escontria chiotilla (jiotilla), propia del Valle de Tehuacán, con alto contenido de vitaminas y propiedades antioxidantes que reducen el riesgo de ciertos cánceres. Su fruto es alimento y medicina tradicional
En la Sierra Norte, en Cuetzalan, resplandece el Yolixpa: una bebida ancestral macerada con hasta 24 plantas locales (entre ellas maltanzin o Satureja brownei y otras endémicas de la región). Ofrece efectos antioxidantes, antiinflamatorios y relajantes; hoy se comercializa y representa un ejemplo vivo de cómo la herbolaria poblana genera ingresos y preserva el conocimiento indígena.
De la tradición local al impacto internacional
La herbolaria de Puebla trasciende las fronteras estatales. Nacionalmente, forma parte del Sistema Nacional de Medicina Tradicional y es estudiada por instituciones como la BUAP, la UNAM y el IMSS. Internacionalmente, compuestos aislados de estas especies, polifenoles de yuca periculosa, alcaloides de toronjil o betalaínas de garambullo, atraen la atención de laboratorios farmacéuticos y de cosméticos en Europa, Asia y Estados Unidos. México exporta extractos y productos terminados derivados de su flora medicinal, contribuyendo a una industria global que mueve miles de millones de dólares.
Sin embargo, el riesgo es real: más del 85% de las plantas medicinales se extraen directamente del monte sin manejo sustentable, y el 9% de las especies medicinales y aromáticas mundiales están amenazadas según la CITES y la UICN.
En este Día Mundial de la Vida Silvestre, Puebla reafirma su compromiso: fortalecer áreas naturales protegidas, impulsar el cultivo comunitario, regular el comercio y reconocer los derechos de los pueblos originarios sobre su conocimiento ancestral.
La biodiversidad endémica poblana no es un recurso del pasado; es la medicina del presente y la esperanza sostenible del mañana.



