Dicen los que Saben que la inseguridad es el talón de Aquiles de cualquier gobierno. Porque cuando todo parece en calma, basta una chispa –real o fabricada– para incendiar la percepción.
Y eso fue lo que ocurrió este fin de semana.
La violencia cruzó fronteras.
Autos calcinados.
Camiones detenidos por el fuego.
Negocios reducidos a cenizas.
Las imágenes fueron reales en algunas ciudades. En otras, bastó un mensaje enviado para que el miedo hiciera su trabajo.
No hubo balas. Hubo cadenas de WhatsApp.
La tarde del domingo se vivió como un toque de queda sin decreto.
Calles vacías.
Cortinas abajo.
Familias encerradas.
El enemigo no siempre era visible. Pero el temor sí. Y eso fue suficiente.
Porque en tiempos de crisis la pregunta no es sólo cómo frenar a la delincuencia, sino cómo frenar el rumor.
¿Cómo se combate una fake news cuando llega con el sello de confianza del “me lo dijo mi comadre”?
¿Cómo se desactiva el pánico cuando el audio trae voz temblorosa y tono urgente?
El gobierno informa.
Publica.
Desmiente.
Emite comunicados.
Pero si la tía del grupo asegura que “están atacando por todos lados”, entonces para muchos están atacando por todos lados.
Y como diría Cantinflas, ahí está el detalle.
La delincuencia ya no solo disputa calles y carreteras. También pelea el terreno digital.
Y este domingo, en más de un rincón, ganó la batalla de las pantallas.
No necesariamente con hechos, pero sí con percepción. Y en política, la percepción pesa más que cualquier dato duro.
Moraleja incómoda: la seguridad ya no se mide únicamente en patrullas y operativos, sino en narrativa. No basta con controlar el territorio físico; hay que gobernar el algoritmo.
Porque se puede estar ganando en los reportes oficiales… y perdiendo en el timeline.
Y esa derrota, Dicen los que Saben, no se revierte con un simple post.
¿O sí?
***
e-mail: [email protected]
X: @MigueCholula
Facebook: Migue Cholula
