A 20 años del milagro de Leo Lavalle en el Abierto Mexicano
A punto de celebrarse las 20 ediciones del Abierto Mexicano de Tenis, los aficionados aún recuerdan con emoción y melancolía los únicos títulos de un tenista local en el certamen, cuando en el dobles de la primera edición, Leo Lavalle, al lado del brasileño Jaime Oncins, y posteriormente en 1995 junto al argentino Javier Frana, ganó los títulos del dobles, cuando se jugaba en el Club Alemán de la Ciudad de México.
Pocos, comenzando por el propio Lavalle, iban a imaginar que el triunfo en la final de 1995 sería la última ocasión que un mexicano se coronaría en el torneo.
Lavalle recordó los momentos del nacimiento del Abierto Mexicano y su voz se escucha con la felicidad de hablar de uno de los mejores momentos de su carrera como tenista.
“Por primera vez sentía una gran emoción, porque desde muy pequeño empecé a viajar por todo el mundo, y para mí el tener un evento de esa naturaleza en México era como un sueño hecho realidad”, aseguró Lavalle a Excélsior.
“Recuerdo que veníamos de jugar una Copa Davis contra Canadá que sirvió como de entrenamiento para que una semana después nos quedáramos ahí para empezar el torneo. Siempre fue una alegría para mí jugar en México y tener al Abierto Mexicano fue un sueño con jugadores como Muster, Kuerten y todos los grandes”.
En la final de la primera edición, Lavalle y Oncins superaron en la final al argentino Horacio de la Peña y al compañero de Leo en el equipo mexicano de Copa Davis, el potosino Jorge Lozano.
“Siempre fuimos grandes amigos Jorge y yo, pero siempre había una buena competencia. Jorge tuvo mejores resultados que yo, pero siempre sentí que le podía ganar y sobre todo en un momento tan importante como en una final de un Abierto en nuestro país”, dijo Lavalle. “Siento que el público me apoyó mucho y eso lo usé para ganar. Fue una gran competencia para Jorge y para mí, y siempre nos preguntamos por qué no jugamos más torneos de dobles juntos.
“De los pocos que jugamos juntos ganamos en Rotterdam un torneo de gran jerarquía y siempre fueron de las cosas que le quedamos a deber a México, no disputar más torneos juntos Jorge y yo”, añadió Lavalle.
En 1995, Lavalle llegó nuevamente a la final, ahora al lado de Frana, con quien jugó y perdió la final de Wimbledon en 1991, y nuevamente se coronó, al superar en la final al alemán MarcGoellner y al italiano Diego Nargiso.
“Recuerdo las ganas de ganar que nos transmitíamos mutuamente. Al final, la energía que me daba jugar en México se la transmitía a Frana y eso hacía que tuviéramos una química especial y que se convertía en buenas jugadas.
“Los dos somos zurdos y él jugaba con el drive y yo con el revés, es poco usual que dos zurdos hagan una buena pareja y esa combinación hizo que ganáramos ese Abierto. Obtuvimos dos títulos en Brasil, y esa energía que me transmitía el público y que le pasaba a Javier, hicimos una buena combinación”, concluyó Leonardo Lavalle.
Sin amor a la camiseta
Además de la falta de un mejor nivel de tenis que sólo da el competir en torneos internacionales fuera de México, el ex jugador Leonardo Lavalle comentó que los raquetas nacionales han perdido algo muy importante con el paso de los años.
“Creo que tristemente el jugador mexicano ha perdido el amor por la camiseta que debería de sentir y es importante que lo recobre. El tenista me-xicano si algo tiene es ese nacionalismo y amor por el país”, aseguró Lavalle.
“Internacionalmente somos reconocdios por eso y lo vemos en los partidos de futbol. El mexicano es el más apasio-nado, y en el tenis se ha perdido esa tradición, se ha perdido ese amor y se tiene que retomar, es una parte esencial que me transmitía Raúl Ramírez, lo transmitía Pancho Maciel, el jugar con amor por la camiseta y por nuestro país”, añadió Leo.
Actualmente, Lavalle es entrenador de la escuela Roddick-Lavalle, en San Antonio, Texas, y trabaja al lado del hermano del ex tenista Andy Roddick, John, desde hace cinco años.
En la academia tienen a 18 jugadores, una de los cuales es Renata Zarazúa, sobrina del ex jugador de Copa Davis, Vicente Zarazúa.
Leo señaló que al bajar el nivel de los tenistas, es obvio que la ayuda económica se haya reducido.
“Los apoyos en aquellos años iban de la mano de que había buenos resultados a nivel profesional, pero en el momento que dejaron de haber tenistas que compitieran a nivel internacional pues automáticamente se fueron reduciendo”, explicó.
“El tenis se ha globalizado mucho y hoy requieres de tener esas experiencias para ser competitivo y creo que los federativos no lo ven y menos el tenista.”
A punto de celebrarse las 20 ediciones del Abierto Mexicano de Tenis, los aficionados aún recuerdan con emoción y melancolía los únicos títulos de un tenista local en el certamen, cuando en el dobles de la primera edición, Leo Lavalle, al lado del brasileño Jaime Oncins, y posteriormente en 1995 junto al argentino Javier Frana, ganó los títulos del dobles, cuando se jugaba en el Club Alemán de la Ciudad de México.
Pocos, comenzando por el propio Lavalle, iban a imaginar que el triunfo en la final de 1995 sería la última ocasión que un mexicano se coronaría en el torneo.
Lavalle recordó los momentos del nacimiento del Abierto Mexicano y su voz se escucha con la felicidad de hablar de uno de los mejores momentos de su carrera como tenista.
“Por primera vez sentía una gran emoción, porque desde muy pequeño empecé a viajar por todo el mundo, y para mí el tener un evento de esa naturaleza en México era como un sueño hecho realidad”, aseguró Lavalle a Excélsior.
“Recuerdo que veníamos de jugar una Copa Davis contra Canadá que sirvió como de entrenamiento para que una semana después nos quedáramos ahí para empezar el torneo. Siempre fue una alegría para mí jugar en México y tener al Abierto Mexicano fue un sueño con jugadores como Muster, Kuerten y todos los grandes”.
En la final de la primera edición, Lavalle y Oncins superaron en la final al argentino Horacio de la Peña y al compañero de Leo en el equipo mexicano de Copa Davis, el potosino Jorge Lozano.
“Siempre fuimos grandes amigos Jorge y yo, pero siempre había una buena competencia. Jorge tuvo mejores resultados que yo, pero siempre sentí que le podía ganar y sobre todo en un momento tan importante como en una final de un Abierto en nuestro país”, dijo Lavalle. “Siento que el público me apoyó mucho y eso lo usé para ganar. Fue una gran competencia para Jorge y para mí, y siempre nos preguntamos por qué no jugamos más torneos de dobles juntos.
“De los pocos que jugamos juntos ganamos en Rotterdam un torneo de gran jerarquía y siempre fueron de las cosas que le quedamos a deber a México, no disputar más torneos juntos Jorge y yo”, añadió Lavalle.
En 1995, Lavalle llegó nuevamente a la final, ahora al lado de Frana, con quien jugó y perdió la final de Wimbledon en 1991, y nuevamente se coronó, al superar en la final al alemán MarcGoellner y al italiano Diego Nargiso.
“Recuerdo las ganas de ganar que nos transmitíamos mutuamente. Al final, la energía que me daba jugar en México se la transmitía a Frana y eso hacía que tuviéramos una química especial y que se convertía en buenas jugadas.
“Los dos somos zurdos y él jugaba con el drive y yo con el revés, es poco usual que dos zurdos hagan una buena pareja y esa combinación hizo que ganáramos ese Abierto. Obtuvimos dos títulos en Brasil, y esa energía que me transmitía el público y que le pasaba a Javier, hicimos una buena combinación”, concluyó Leonardo Lavalle.
Sin amor a la camiseta
Además de la falta de un mejor nivel de tenis que sólo da el competir en torneos internacionales fuera de México, el ex jugador Leonardo Lavalle comentó que los raquetas nacionales han perdido algo muy importante con el paso de los años.
“Creo que tristemente el jugador mexicano ha perdido el amor por la camiseta que debería de sentir y es importante que lo recobre. El tenista me-xicano si algo tiene es ese nacionalismo y amor por el país”, aseguró Lavalle.
“Internacionalmente somos reconocdios por eso y lo vemos en los partidos de futbol. El mexicano es el más apasio-nado, y en el tenis se ha perdido esa tradición, se ha perdido ese amor y se tiene que retomar, es una parte esencial que me transmitía Raúl Ramírez, lo transmitía Pancho Maciel, el jugar con amor por la camiseta y por nuestro país”, añadió Leo.
Actualmente, Lavalle es entrenador de la escuela Roddick-Lavalle, en San Antonio, Texas, y trabaja al lado del hermano del ex tenista Andy Roddick, John, desde hace cinco años.
En la academia tienen a 18 jugadores, una de los cuales es Renata Zarazúa, sobrina del ex jugador de Copa Davis, Vicente Zarazúa.
Leo señaló que al bajar el nivel de los tenistas, es obvio que la ayuda económica se haya reducido.
“Los apoyos en aquellos años iban de la mano de que había buenos resultados a nivel profesional, pero en el momento que dejaron de haber tenistas que compitieran a nivel internacional pues automáticamente se fueron reduciendo”, explicó.
“El tenis se ha globalizado mucho y hoy requieres de tener esas experiencias para ser competitivo y creo que los federativos no lo ven y menos el tenista.”