“Si Dios quiere, en abril me graduó como director técnico”, dijo Miguel Calero dos días antes de sufrir una trombosis cerebral. Dios no quiso.
El ex portero colombiano, que acumulaba 12 años viviendo en México, todos ellos entregados con fragor al Pachuca, fue declarado con muerte cerebral debido a una retrombosis después de un fin de semana crítico, donde la noche del domingo fue la peor, pues la arteria que falló desde hace ocho días cuando ingresó de emergencia al hospital, volvió a cerrarse definitivamente causando un infarto y apagando la vida en el cerebro de Calero. Un comunicado oficial del club, confirmó la noticia.
Al portero, el show como le apodaban en su país, le costaba aceptar el retiro. Hasta tres veces amagó con irse pero fue en el 2011 cuando tomó la penosa decisión. Era como si estar dentro del profesionalismo le brindara la salud. Apenas poco más de un año desde que colgó los guantes, le sobrevino la trombosis.
Al piso uno del hospital donde estaba sedado Calero, llegó un sacerdote alrededor de las tres de la tarde, después de que se le practicara un encefalograma que arrojó malos resultados.
El vicepresidente del Pachuca, Andrés Fassi, viajó desde Argentina para estar junto a su gran amigo y otro colombiano, Andrés Chitiva, de toda la vida incondicional de Calero, rompió en llanto al conocer la noticia.
Los familiares, al conocer el estado irreversible de Calero, meditan la posibilidad de la donación de órganos antes de desconectar de la terapia intensiva y del soporte vital, al ex portero.
A los 42 años se le apaga la luz al que de chiquillo se raspaba los codos en el patio del colegio Sarmiento Lora, en el Valle del Cauca, Colombia.
Alguna vez dijo Calero que tuvo dos decisiones complicadas en su vida: “irme de mi país tras la propuesta de Pachuca, porque mi esposa quería estar con sus familiares y la otra, retirarme del futbol porque me daba cuenta que mi estado de salud no era el mejor y mis hijos se preocupaban por el estrés que manejaba”.
Se hizo entonces entrenador de porteros.
El 25 de noviembre, en la sala de su hogar, Miguel Calero comenzó a sentir dolores en la cabeza y pérdida de la vista, por lo que su esposa llamó a emergencias. El club Pachuca, consciente de la gravedad, dispuso un helicóptero para trasladarlo al DF en donde fue intervenido un par de ocasiones.
Ayer por la noche, el doctor Édgar Nathal confirmó la muerte cerebral de Calero. “Es un diagnóstico irreversible, que aunque él mantiene su actividad circulatoria presente, es cuestión de tiempo nada más para que desafortunadamente Miguel Calero presente un paro cardiorespiratorio.”
“Hubo un proceso de retrombosis y eso empeoró el cuadro y aumentó la presión a un grado tal que ya su encéfalo, es decir el contenido de la cavidad craneal, no lo pudo resistir y eso determinó este desenlace”.
Miguel Calero
En septiembre del 2007, Miguel Calero ya había sido afectado por una trombosis venosa del brazo izquierdo.
La atención inmediata dejó el episodio como una anécdota macabra para alguien que aparentemente tenía una sobrada capacidad física.
La trombosis ahora fue en la cabeza, lo que le ha ocasionado un infarto cerebral. Esto se traduce como una coagulación al interior de las paredes sanguíneas que afectan el estado corporal, dado que las células afectadas no pueden recibir oxígeno y nutrientes, por lo que se inflama la parte atacada causando un edema en el cerebro.
La trombosis cerebral se detecta parcialmente en los ojos, ya que se va perdiendo el movimiento en ellos y conforme pasa la enfermedad, la vista en su totalidad, así como otras partes del cuerpo.
Calero sufrió un estrechamiento de las arterias carótidas, próximas al cerebro por lo que no tuvo un riego sanguíneo constante que le ha llevado a sufrir este terrible desenlace.
