Como cada año en este municipio, los pobladores ya iniciaron la elaboración de majestuosas ofrendas, las cuales son erigidas con profundo amor por parte de familias de los difuntos que perecieron durante el año en curso.
La muerte en este municipio cobra un importante significado, ya que la adoración a los difuntos es un motivo para recordar y “convivir” con el alma de quienes se han adelantado, por lo que los preparativos de esta tradición comienzan desde el momento en que fallece la persona, pues los dolientes ahorran para solventar los gastos a cubrir que oscilan entre los 20 y 70 mil pesos por altar.
Este año se empezaron a erigir 47 ejemplares de las monumentales ofrendas que corresponden al mismo número de fallecidos, comentó el presidente municipal, Raúl Marín Espinoza, quien dijo que las ofrendas podrán ser visitadas hasta el próximo 2 de noviembre.
Mencionó que los altares monumentales de Huaquechula forman parte del Patrimonio Cultural del Estado desde 1997, y que los antepasados construían estas estructuras con piedra caliza.
Actualmente son estructuras enormes de madera, forradas con satín blanco y cada una consta de tres niveles, en el primero se coloca la ofrenda, donde se ponen los alimentos y objetos que en vida le gustaba a la persona que murió, principalmente bebidas y comida; el segundo nivel representa la unión del cielo con la tierra o lo humano con lo divino; mientras el tercer nivel es el cielo.
La coordinadora general del Atlixcayotontli y habitante del lugar, Edith Martínez Farrera, comentó que la tradición representa la llegada de las ánimas a los hogares donde vivieron y en los cuales son recibidos con los olores de las flores de temporada e incienso, además de que las mujeres bailan en punto de las 14:00 horas el día primero de noviembre para dar la bienvenida a su difunto que se guía por el camino de flor de cempasúchitl -colocado por los familiares- que lo conducen hasta al altar.
Es importante detallar que los monumentales altares alcanzan hasta tres metros de altura cubriendo el muro de la modesta vivienda, además la familia reserva una parte libre para instalar una mesa en la que los deudos obsequian pipián verde o rojo, mole y tortillas a los miles de visitantes.
