En dos recientes sucesos, uno del ámbito legislativo y el otro judicial, apareció un grupo de encapuchados que, aunque es reducido en su número de participantes, ha salido a generar un ambiente de violencia y de provocación. Su principal característica es que no lleva una consigna política, sino que sus mensajes son agresiones directas, con lenguaje soez, contra personajes que participan en movimientos sociales.
Frente a esta irrupción es necesario preguntarse: ¿a quién beneficia esta agrupación?, ¿quiénes son sus miembros y cuáles son sus propósitos?, ¿quién está detrás de sus apariciones?
¿Es un intento de represión oficial?, o ¿no será acaso la estrategia de algunos líderes de grupos sociales para victimizarse y obtener provechos personales?
La primera vez que dicho grupo salió a las calles fue el pasado 15 de julio durante la comparecencia ante el Congreso del estado de José Luis García Parra, el coordinador del Gabinete estatal, que acudió a la sede legislativa a explicar el proyecto del Cablebús. En esa ocasión eran entre 15 y 20 sus participantes que llevaban cubrebocas de color blanco. Todos eran hombres rapados y fornidos.
Esta semana, durante una audiencia en la Casa de Justicia Federal que se ubica a un costado del penal de San Miguel, volvió a aparecer el conjunto de encapuchados, llevando en esta ocasión cubrebocas de color negro y unas prendas que se usan en la cabeza o en el cuello para protegerse del sol o del frío. No solo eran varones, en esta ocasión eran unas 30 personas y participaban algunas mujeres y niños.
La segunda irrupción fue durante una audiencia judicial de Renato Romero y Pascual Bermúdez, quienes enfrentan una demanda penal del fuero federal por el bloqueo de la autopista México-Puebla –ocurrido hace más de un año– en el ámbito de las protestas ciudadanas de San Miguel Xoxtla por el intento del SOAPAP de extraer agua sin la anuencia de los pobladores.
Un hecho en común en ambos eventos, que permite establecer que ha sido la misma facción la que se manifiesta, es que lanzan consignas contra Renato Romero.
Frente a tales apariciones han surgido dos interpretaciones sobre el origen y objetivos del grupo de encapuchados, las cuales son las siguientes:
La más comentada –en redes sociales– ha sido la de suponer o acusar que es una provocación generada desde el Gobierno del estado para amedrentar y reprimir a los grupos opositores al Cablebús y al intento de extracción de agua en San Miguel Xoxtla.
Para nadie es un secreto que es una práctica común de la mayor parte de los gobiernos, de todas las expresiones políticas, es usar grupos de choque cuando no hay capacidad de diálogo y negociación frente a movimientos sociales. Entonces la autoridad recurre a generar miedo, en un primer momento, para después utilizar la represión, ya sea por la vía judicial o con agresiones físicas.
Aunque en esta ocasión sería un error mayúsculo de la autoridad estatal el querer enfrentar los temas del Cablebús o el conflicto del agua con el uso de la represión, pues lo que se provocaría sería exacerbar tales asuntos.
Otra interpretación que se debe explorar es la posibilidad de que la aparición del grupo de encapuchados esté en armonía con el intento de encumbrar a algunos líderes, con el objetivo de personalizar las protestas sociales y frenar su avance.
Así como llama la atención que en las dos apariciones de los hombres con los rostros ocultos sus mensajes los hayan dirigido contra la figura de Renato Romero, también genera suspicacias algunos de los comportamientos de este personaje.
Por ejemplo, Renato Romero es dado a grabar videos para hablar de los conflictos sociales en que participa, pero siempre lo hace concentrado en su persona. Como si él fuera el inicio y fin de los problemas. No toma en cuenta a los colectivos que están presentes en los asuntos de San Miguel Xoxtla, de San José Chiapa o en la lucha contra la contaminación de Granjas Carroll.
Un aspecto más que inquieta en su actuación es incorporar un discurso radical y que muchas veces distorsiona la realidad.
Como muestra de ellos es necesario revisar lo que ha dicho del proyecto del Parque de Economía Circular de San José Chiapa, del que acusa que es “un basurero sionista” y que va a provocar que se sequen los pozos de agua de la zona.
En este asunto es necesario aclarar que nada tienen que ver con el sionismo y la propuesta no implica la extracción de agua.
O en otro video dice que la aparición de los encapuchados durante la audiencia judicial de esta semana fue un “atentado paramilitar” en su contra.
De nuevo todo lo reduce a su persona, dejando a un lado a los ciudadanos de San Miguel Xoxtla que han protestado contra el actuar incorrecto del SOAPAP. Pero además, queda claro que el grupo de personas que han aparecido con el rostro cubierto salen a provocar, pero nada tiene que ver con ser agresores de corte militar.
Es preocupante que en los movimientos sociales alguien aparezca con discursos radicales, porque muchas veces acaban siendo estrategias bien calculadas para después desatar y justificar la represión contra los colectivos.
Ejemplos de infiltración hay muchos contra movimientos sociales. Uno muy célebre fue el de Sócrates Amado Campos Lemus, uno de los líderes del Consejo Nacional de Huelga en el Movimiento del 68, que luego de la represión del 2 de octubre, siempre pesó en su contra la sospecha de que era un infiltrado de la CIA, pues se dice que habría sido quien señaló a todos los universitarios que acabaron como presos políticos del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
Otro más, “El Mosh”, un líder de la huelga que entre 1999 y el año 2000 paralizó durante 10 meses la Universidad Nacional Autónoma de México. Con el pasó de los años trascendió que su actuación sirvió para desarticular al movimiento universitario que venía caminando en el proyecto de campaña presidencial del entonces candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.
Al final, lo que debe quedarle claro a los movimientos sociales es que tienen que cuidar no caer en actitudes radicales que acaban distorsionando los objetivos de las luchas colectivas.
Ojalá que lo de Renato Romero sea solo una conducta extraviada y no haya otro propósito negativo en su actuar.
Y que al Gobierno del estado lo que más le conviene es atender con diálogo, información y negociación los justificados movimientos que exigen claridad en los proyectos oficiales.
A toda costa se debe evitar la represión. La sociedad está muy lastimada por la violencia criminal y de la derecha.
