Una muestra del extravío en que se encuentra el panismo poblano es que diferentes voces del partido de la derecha festejaron, como un triunfo abrumador, que Morena no ganara la elección de diputados locales de Coahuila del domingo pasado, cuando el gran derrotado a niveles catastróficos es el PAN, que casi desapareció en esa entidad del norte del país, lo cual lo llevó a perder el registro como fuerza política estatal –que es algo inédito– y se fue hasta el séptimo lugar de la contienda.
Aunque sea un estado muy remoto, lo que pasó en Coahuila debería prender “los focos rojos” en el panismo de Puebla, pues aunque hay circunstancias políticas diferentes entre ambas entidades, al final lo que pasó en el norte del país es un reflejo claro de que está fracasando el llamado “relanzamiento” del Partido Acción Nacional, mediante el cual se propone la derecha recuperar sus índices de votación.
En Puebla simplemente nadie percibe el proyecto reformador que, en octubre del año pasado, anunció Jorge Romero Herrera, el presidente nacional del PAN.
En esa ocasión planteó que el partido se volvería 100% ciudadano, que se rompían las alianzas con fuerzas políticas tradicionales y que le apostarían a la comunicación digital. Los candidatos, ofreció Romero, saldrían principalmente de la sociedad civil.
A nivel de la entidad poblana ninguno de esos cambios está presentes. Las candidaturas a cargos de elección popular se las están peleando los dos bloques dominantes del partido, que son las facciones de Eduardo Rivera Pérez y Mario Riestra Piña, sin que participen actores de otros ámbitos sociales y políticos.
Es decir, el próximo proceso electoral lo van a enfrentar los panistas de siempre.
El PAN solo le está apostando a aprovechar el desgaste de poder que registran los gobiernos de Morena y a que surja el voto espontaneo de ciudadanos que odian a la 4T, quienes acaban sufragando por los partidos de oposición, pero sin tener identidad con el panismo, el priismo o Movimiento Ciudadano.
Fuera de eso, el PAN en Puebla, en Coahuila y en muchos rincones del país no logra avanzar porque no tiene un discurso, una narrativa, un plan de gobierno, que resulte atractivo, seductor, relevante, para la población.
Todos los vicios, abusos, excesos que el PAN señala contra los gobernantes de la 4T, son los mismos que caracterizaron a las administraciones panistas o priistas. Por lo que no hay nada nuevo en la crítica constante hacia el ejercicio de poder de Morena.
Es tan mala la lectura de la realidad social y política de los panistas poblanos, que resulta sorprendente que no entendieron lo que pasó en Coahuila.
Por ejemplo, el secretario general del Comité Municipal del PAN en la capital, Manuel Herrera Rojas, el lunes grabó un video en el cual expresaba: “Excelentes noticias esta semana, ya empieza el Mundial de Fútbol… y la otra gran noticia, es que Morena ya no gana nada… Morena se ve debilitando por sus pactos con las fuerzas obscuras”. Para después afirmar que lo ocurrido en el norte del país es reflejo de que el panismo triunfará en Puebla.
Mientras que el presidente del PAN en el estado, Mario Riestra Piña, culpó del mal resultado a la alianza que el partido tenía con el PRI.
“Parte de lo que permitió que se perdiera esta identidad en Coahuila fue, precisamente (…) que se dieron una serie de alianzas con quien había sido nuestro archienemigo en el estado de Coahuila; entonces, las condiciones sí son muy distintas, y estamos convencidos de que en Puebla nos va a ir muy bien, porque todas las encuestas así nos lo han manifestado”, expresó el dirigente albiazul.
Sobre esas dos posiciones, la frialdad de los números refuta esas visiones del PAN.
Morena, ni ningún otro partido, en los años recientes, ha logrado acercarse a la fuerza hegemónica del PRI en Coahuila. Es el único estado del país en donde el tricolor es competitivo, en el resto de la república mexicana no gana nada relevante.
Al final a Morena la va bien, pues mantuvo su posición de segunda fuerza política en Coahuila. Registra una disminución de cuatro puntos porcentuales y logró una votación de 282 mil 244 sufragios, frente a los 637 mil 274 votos del PRI.
Lo que sí es trágico, que le debería quitar la alegría a Manuel Herrera, es que el PAN se derrumbó totalmente, pues en 2023 había obtenido 83 mil 029 votos y ahora pasó a 27 mil 016 sufragios. Es decir, perdió dos terceras partes de los apoyos ciudadanos en comicios de diputados locales.
El índice de votación del PAN pasó a ser –con los comicios del domingo– del 2%, frente al 22% de Morena y 50% del PRI.
Frente a lo que dice Mario Riestra, de que la culpa fue la alianza que se hizo con el PRI y que le hizo perder identidad al PAN, es mentira ese argumento.
En 2023 el PRI y el PAN si compitieron juntos en Coahuila. En esa contienda se podía argumentar que la mala imagen del tricolor dañó el desempeño electoral del albiazul.
Pero para los comicios de alcaldes, realizados en 2024, ahí ya no hubo alianza del Prian. Y el partido de la derecha ya compitiendo solo, sin coaliciones, registró una caída drástica, pues obtuvo 67 mil 853 votos, que significó una perdida de 15 mil sufragios.
El reciente proceso electoral ya es la segunda contienda que el PAN se quitó al PRI de encima, por lo cual ya no es válido echarle la culpa al tricolor.
