Eduardo Rivera Pérez se victimiza al declarar que debe haber “más inclusión” en el PAN poblano.
La suya no es una estrategia nueva.
El truco le ha funcionado otras veces.
Pero ya no.
Y es que al mentiroso contumaz ya se le conocen todas las costuras y todos los juegos de artificio.
La misma estrategia la desempeñó magistralmente durante el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas.
Todo se basa en un chantaje simulado.
Pero en especial, en una actitud kamikaze del “todo o nada”.
Tras sufrir una nueva derrota –ahora en la puja por la dirigencia del PAN en el municipio de Puebla–, el modus operandi sale nuevamente a la luz.
Las diferencias entre Eduardo Rivera y Guadalupe Leal siempre fueron públicas y muy profundas.
Pero, aconsejados por esa ingrata llamada desesperación, terminaron haciendo “equipo”, solo para perder en dos ocasiones consecutivas, impulsados por sus odios y fobias, así como su insufrible incapacidad de hacer política.
Política, política y nuevamente política, que de eso, a final de cuentas, se trata –o debería tratarse– todo.
Hoy se sabe que Manuel Herrera buscó a Eduardo Rivera para buscar construir una planilla de unidad.
Herrera incluso puso en la mesa la Secretaría General para alguien del grupo del exalcalde capitalino y excandidato a la gubernatura.
Y no solo eso: Herrera, generoso, también le ofreció el 50% del Comité Directivo Municipal.
En la reunión, Rivera respondió que no tenía nada en contra de Manuel, a quien incluso reconoció y agradeció el apoyo que le brindó en su etapa como regidor.
¿Qué sucedió a continuación?
Es sencillo:
Increíblemente, Eduardo Rivera prefirió el 100% de la derrota que el 50% de la victoria.
Pero no es un caso aislado.
Algo similar sucedió en la integración del Consejo Estatal, donde también fue barrido, derrota tras derrota, en cada asamblea municipal en las que se eligieron las propuestas para dicho máximo órgano de decisión de Acción Nacional.
Lo cierto es que para extrañeza del Comité Ejecutivo Nacional, quien se levantó de la mesa de negociación en dicho proceso fue, sí, Eduardo Rivera.
El mismo empleado de El Yunque que no aprende.
El mismo que se inmola de forma inexplicable.
El mismo que se destruye solito, como un hombre-bomba.
El mismo que prefirió ser dueño de nada en lugar de socio de todo.
Sí, como un verdadero kamikaze de la política.
El mismo que patéticamente ya hizo su debut como “analista político” (sic) de la TV, su nueva ocupación ahora que justamente se ha quedado sin nada (o casi nada) en el partido del que ha hecho carrera y… riqueza.
Sobre todo riqueza.


