Del Bosque de Niebla a la Ciudad Feliz

Del Bosque de Niebla a la Ciudad Feliz
OTROS MEDIOS 21/09/2021 ícono de reloj7:33 am

El 19 de septiembre cumplí 30 años de vivir en Puebla.

Ese día abordé un ADO en Huauchinango.
Cuatro horas y media después me bajé en la CAPU.
Tomé un taxi que me llevó al departamento que Lety Ánimas me prestó cerca de los Baños Señorial.
Luego me fui a donde ya me esperaba Fernando Crisanto: las impecables instalaciones de SÍ-FM, ubicadas a unos metros de la Avenida Juárez.
Junto con él, Fernando Canales y Marco Arturo Mendoza bajamos a comer al Cowboy.
Ahí brindamos por lo que vendría: una etapa luminosa en la radiodifusión poblana.
La mejor estación en muchos años estaba por inaugurarse.
Mucho talento metido ahí: Carlo Pini, Flora Molina, Beatriz Gutiérrez Müller, Luis Pavón, Lupita Vicón, Bonfilio Mendoza, Luis Alberto González…
Yo no conocía a nadie en Puebla.
Tampoco conocía las calles ni los restaurantes, ni siquiera el Centro Histórico.
Jamás había entrado a la Catedral.
Mi única liga con esta ciudad era mi tía Amparito, a cuya casa-farmacia (cerca del Paseo Bravo) fui con mi Mamá Guilitos treinta años antes.
Días atrás, un grupo de periodistas serranos me hizo una comida de despedida en La Casona, de don Luis y doña Rocío Marín.
Uno de ellos había estado trabajando seis meses en El Sol de Puebla y regresó agotado.
No había podido con la Ciudad de Puebla.
Su pronóstico fue demoledor: vas a regresar muy pronto.
No fue así.
En Puebla sembré una vida y me arraigué profundamente.
Fernando Crisanto lo dijo mejor: quemé mis naves para llegar a donde este día cumplo 30 años.
He vivido de todo en estas tres décadas, pero mi peor pecado es uno: he sido feliz.
Brutalmente feliz.
Hoy celebro mi llegada —vía un ADO— en un momento culminante de mi vida.
En uno de los mejores, agregaría.
¿Qué más podría pedir?
La Elección de la BUAP. Como lo escribí ayer, la doctora Lilia Cedillo arrasó en la elección de la BUAP.
De 43 unidades académicas iba ganando 42 hasta el cierre de esta edición.
Y algo curioso:
En el Instituto Ponchito —laboratorio madre de lo que queda de los Vélez Pliego— hay un auténtico caos que puede generar grandes sorpresas.
Inusitadas sorpresas de las parejas pares, diría el poeta.
El director del instituto decidió abstenerse, lo que encendió los focos rojos.
Jack, el Destripador. Andrés García Viveros, el depredador de Puebla, despertó de su letargo y empezó a escribir tonterías.
¿Estaba dopado cuando tuiteó lo que tuiteó?
¿Había alcohol en sus venas?
¿Algún opiáceo atravesó su nervio óptico?
Mañana le contaré esta vulgar historia al hipócrita lector.

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