Claudia Rivera Denuncia al Gobernador Barbosa
Por Mario Alberto Mejía
La Quinta Columna
¿Para qué se sube uno al volante de un auto?
Para echarlo a andar, sin duda.
¿Para qué compite alguien en una elección?
Para ganar, faltaba menos.
¿Para qué quiere alguien ser presidente municipal?
Para transformar las cosas, para no dejarlas igual que antes.
Si uno se sube a un auto y no lo enciende es como si uno llega a la alcaldía de Puebla y no hace nada.
Esto precisamente le está pasando a Claudia Rivera Vivanco, la Carnicera de Morena en el ayuntamiento de Puebla.
¿Por qué la comparo con una carnicera?
Porque los oficiantes de tan noble labor destazan a la res, la cortan en cachitos y aplanan los bisteces.
Eso, en efecto, está haciendo la Carnicera de Morena en la Ciudad de Puebla:
Hizo cachitos una res muerta: la res pública.
O la cosa pública.
O la esfera pública.
La destazó, la hizo pomada, aplanó toda expectativa.
Sé que por llamarla “carnicera” me puede acusar de violencia de género como acaba de denunciar al gobernador Miguel Barbosa Huerta ante el Consejo General del Instituto Electoral del Estado de Puebla (IEE).
No es noticia falsa, hipócrita lector.
Es real.
Ante su falta de méritos y de ganas para gobernar, a la señora presidenta se le ocurrió denunciar por violencia política de género al gobernador.
Pero lo hizo de la forma más rupestre: distorsionando, diciendo medias verdades, manipulando el fondo.
Quién lo dijera: la admiradora de un cantautor machista (vaya que lo es Joaquín Sabina, sin que eso lo demerite) se horroriza de expresiones alejadas del machismo.
Sí, señor.
Vea usted las razones que argumentó.
Dice que el 24 de marzo, en rueda de prensa, el gobernador Barbosa manifestó “no, no, qué horror” cuando un reportero le preguntó si había tenido comunicación con ella.
La conclusión que la presidenta saca es que con esa frase se advierte la intención de degradarla y humillarla.
Y es que, jura, “los asistentes se burlaron respecto a sus comentarios” en perjuicio del cargo para el que fue electa.
(Contenga el lector las carcajadas, pues puede ser objeto de otra denuncia por violencia política de género).
Para acreditar dicha violencia, Claudia Rivera dice que el “no, no, qué horror” tiene por objeto o resultado “menoscabar o anular el reconocimiento, goce y/o ejercicio de los derechos político-electorales de las mujeres”, una vez que “se dirige a una mujer por ser mujer”.
(Horrorícese el hipócrita lector, pero en silencio. Búrlese en la soledad de su habitación. Las denuncias sobre violencia política de género están a la orden del día en el Palacio de Charlie Hall).
Estos idénticos argumentos —fuera de sentido y lógica— los expone en su denuncia en todos los casos en los que dice haberse sentido humillada y degradada.
¿Cuáles son los demás puntos?
Los siguientes:
El 26 de marzo, según su denuncia, el gobernador dijo: “Ella puede afirmar cualquier cosa que no tenga sustento; es así, ¿qué le vamos a hacer?, es así”.
Para documentar la violencia política de género, la presidenta agregó otra expresión dicha por Miguel Barbosa:
“Ahorita, (Claudia Rivera) no ha acatado los decretos. Es lo único que puedo decir. No ha acatado los decretos.
Está en desacato constitucional”.
¿Dónde está el agravio, se preguntará el hipócrita lector?
¿Dónde están las intenciones de degradarla y humillarla por el hecho de ser mujer?
¿Dónde está en dichas expresiones el afán de “menoscabar o anular el reconocimiento, goce y/o ejercicio de los derechos político-electorales de las mujeres”?
Ese afán no existe simplemente porque no la crítica por el hecho de ser mujer, sino por incumplir las tareas para las que fue electa.
Ufff.
Hay más:
El 18 de junio, dice su denuncia, el gobernador Barbosa dijo: “Yo trabajo muy bien con todos los presidentes, excepto con la de Puebla. Punto. Ya”.
Si Claudia Rivera fuese la única presidenta municipal en un mundo de varones poblanos, concedamos que podría caber cierta discriminación.
Pero no lo es.
De los 217 alcaldes en la entidad poblana, 46 son mujeres.
¡46!
¿Dónde está la agresión por el hecho de “ser mujer”?
El gobernador dijo una verdad de perogrullo: no trabaja bien con la presidenta municipal de Puebla.
¿La razón?
Porque desde el principio —y esto lo digo yo— ha sido omisa en sus deberes: tiene el municipio hecho un desastre en materia de seguridad y de brotes de covid-19, lucra con despensas, está metida en escándalos mediáticos, compra ventiladores usados, da luz verde a los comerciantes (para que abran sus negocios) en medio del pico más alto de la pandemia, etcétera.
Últimos agravios citados en la denuncia:
El 25 de junio, el gobernador dijo: “Estamos actuando serenos, tomando acciones fuertes solos. ¡Sí, solos! ¿Verdad que sí, municipio de Puebla? Solos”.
Luego, Claudia Rivera saca de contexto expresiones que fueron convertidas en notas falsas y por las que el gobernador fue denunciado —seguramente también por ella— ante la Comisión de Honor de Morena, instancia que lo exoneró al demostrarse lo anterior.
¿Qué pide en su denuncia la multicitada?
Que el IEE “conceda las medidas cautelares” para “evitar se siga cometiendo dicha violencia política de género” y dicte la resolución correspondiente “imponiendo las sanciones a que se hacen acreedores por la clara violación de las disposiciones constitucionales y legales que se le imputan”.
Ufff.
Salvo que el hipócrita lector haya encontrado un agravio por violencia política de género en todo esto, debo decir —como dicen los abogados—: no hay carnita para querella alguna.
Qué pena.
Qué pena ajena.
