Jorge Carlos Patrón Wong, quien ha sido nombrado este lunes como nuevo arzobispo de Puebla, es “un peso pesado” de la Iglesia católica, en particular en la corriente progresista “de la opción por los pobres” que promovió en su momento el papa Francisco. Por lo cual se intuye que su designación no le habrá caído nada bien a la ultraderecha poblana, en particular a las élites agrupadas en El Yunque, el Opus Dei y los Legionarios de Cristo Rey.
Para dimensionar las características del nuevo arzobispo de Puebla, es necesario advertir estos tres antecedentes que son muy relevantes:
En su paso –por cinco años– como titular de la Arquidiócesis de Xalapa, Veracruz, dejó una profunda huella al remover a un poderoso grupo de sacerdotes que formaban parte de una estructura de privilegios, de influencias económicas y políticas, dentro del clero de esa demarcación religiosa.
A lo largo de su mandato, en la capital veracruzana, su actuar fue un reflejo de la doctrina del ya fallecido papa Francisco que luchaba contra la llamada “mundanidad espiritual” de la Iglesia católica. Es decir, la tendencia de muchos sacerdotes y prelados de utilizar sus cargos para acumular poder, dinero y comodidades, fingiendo tener un compromiso eclesial.
Años antes, siendo obispo de Papantla, Veracruz, pero cuya sede estaba en Teziutlán, Puebla, Patrón Wong era conocido como “el obispo de los pobres”. Era un mote que describía su cercanía con las comunidades indígenas y, sobre todo, con la corriente de “la opción por los pobres”.
La faceta que mejor describe a Jorge Carlos Patrón es que, a lo largo de los 12 años que duró el mandato del papa Francisco, fue el obispo mexicano más cercano al máximo jefe de la Iglesia católica, razón por la cual el Vaticano le confirió cuatro cargos relacionados con la conducción de los seminarios a nivel internacional, labores de evangelización y la elaboración de análisis de la realidad social, económica y religiosa de América Latina.
Lo atacaba llamándolo “el Chino Wong”
El papa Francisco mostró a lo largo de su mandato una constante preocupación acerca de lo que llamaba “la mundanidad espiritual” y advertía que era el mayor peligro para la Iglesia católica. Con ese concepto describía que había muchos sacerdotes y obispos que viven únicamente de las apariencias, de fingir un compromiso con la doctrina cristiana. Pero en realidad su mundo gira solo en buscar acumular poder, dinero y vanidad.
Pareciera entonces que, cuando Jorge Carlos Patrón fue nombrado en diciembre de 2021 arzobispo de Xalapa, decidió llevar ese pensamiento de Francisco hasta sus últimas consecuencias.
Resulta que cuando llegó a la arquidiócesis de la capital veracruzana había un grupo de sacerdotes que se destacaban por su cercanía a las familias pudientes de la región, tener el control de las parroquias más importantes por la captación de recursos económicos y estar muy relacionados con el poder político local.
Para acabar con esa estructura de privilegios, decidió remover a esos sacerdotes y mandarlos a iglesias de municipios indígenas, pese a la resistencia que mostraron por afectar sus ingresos monetarios. Y en contraparte, designó a nuevos sacerdotes al frente de los templos de mayor relevancia en la capital jarocha.
Un caso muy sonado fue el de Rafael González Hernández, un sacerdote con mucho poder, derivado de que fue el postulador oficial para que el Vaticano canonizara a Rafael Guizar y Valencia, quien es una figura muy importante en el mundo conservador de México, ya que fue uno de los obispos más beligerantes durante la Guerra Cristera.
Rafael Guizar y Valencia fue el primer obispo mexicano en ser nombrado santo.
Esa condición le daba al clérigo Rafael González tener más influencias que el propio arzobispo en turno de Xalapa, Veracruz.
Al cumplir un año como prelado, Patrón Wong decidió sacar de la capital al influyente Rafael González y lo mandó a la parroquia de Otilpan, una comunidad que no rebasa los tres mil habitantes y pertenece al municipio de San Andrés Tlalnelhuayocan, en donde hay una importante comunidad indígena.
Otro caso destacado fue el de José Manuel Suazo Reyes, un cura que se desempeñó como vocero de la arquidiócesis durante la gestión del prelado Hipólito Reyes Larios, situación que le daba mucha influencia con los medios de comunicación y en los gobiernos locales.
De igual manera, a Suazo Reyes lo sacó de Xalapa y lo mandó al municipio de Papantla, en una parroquia humilde.
Aunque no se hizo un escándalo público, se supo que varios de los sacerdotes que fueron removidos protestaron con los argumentos de que se dañaba su situación económica personal. Dicho de otra manera: que no iban a recibir las mismas cantidades de dinero que les dejaban sus anteriores parroquias.
El asunto no terminó ahí, ya que en redes sociales aparecieron ataques en contra de Jorge Carlos Patrón en donde lo acusaban de ser “un obispo rojillo” y de manera despectiva lo llamaban “el Chino Wong”, en alusión a su segundo apellido de origen oriental.
Al final, el arzobispo se mantuvo firme y esa rebelión sacerdotal se fue apagando con el paso de los años.
Crítico, pero no confrontativo
Este lunes, al conocerse su nueva responsabilidad en Puebla, Jorge Carlos Patrón encabezó una conferencia en Xalapa, Veracruz, para empezar a despedirse de esa arquidiócesis.
Ahí describió que su labor pastoral se enfocó en dos aspectos: “en mostrar una Iglesia católica cercana a todos, que sirve a todos”. Y guiar a los sacerdotes por el camino de “amar, acoger y comprender” a los fieles de este culto. Esas palabras describen su desempeño religioso, pero no su actuar social y político.
Quienes lo conocieron, primero como obispo de Papantla entre 2009 y 2012, y luego como arzobispo de Xalapa, entre 2021 y 2026, los describen como un ministro de culto muy afable, dialogante y sereno. Pero al mismo tiempo tuvo posturas muy críticas frente a tres problemas de Veracruz: la violencia, la delincuencia y la pobreza.
Ha sido muy cuidadoso de no confrontarse con los gobiernos, primero con los del PRI y luego con los de la 4T, pero nunca dejó de emitir posicionamientos para expresar el malestar social con la crisis de inseguridad que se ha vivido en la entidad veracruzana en las últimas dos décadas.
