A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
El descalabro que le significó a Eduardo Rivera Pérez quedar fuera del equipo de transición del gobernador electo de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, aun después de participar de manera activa en la coordinación de su campaña, lo ha llevado a darse prácticamente por descartado de la administración que entrará en funciones en esa entidad a finales de este mes.
Eso podría parecer una mala noticia para sus seguidores en Puebla, pero no lo es.
Con el gobierno de Quintana Roo fuera de sus expectativas, Rivera Pérez ha reencausado sus pensamientos y sus metas de mediano plazo en Puebla, y más en concreto, como usted bien imaginará, en la sucesión de gobernador de 2018.
En efecto, aun con una cuenta pública pendiente, la de 2013, el ex presidente municipal de la capital no ha tirado la toalla ni echado al bote de la basura sus aspiraciones políticas.
Rivera Pérez ha comenzado a planear la manera de enfrentarse a los alfiles morenovallistas que han levantado la mano para participar en la interna panista de 2018, entre quienes figuran, por ahora, Martha Erika Alonso, Jorge Aguilar Chedraui, Luis Banck Serrato, Javier Lozano Alarcón y Juan Pablo Piña.
Colaboradores del ex alcalde en el ayuntamiento, proveedores, contratistas y amigos personales han iniciado una suerte de reagrupación para darle cobijo una vez que decida retornar a Puebla.
Todos saben que será una misión complicada, cuasi imposible, mientras tenga la cuenta de 2013 a cuestas, pero hasta en eso tienen confianza, quizá excesiva.
Los colaboradores de Rivera Pérez esperan que José Antonio Gali Fayad haga lo que Rafael Moreno Valle no ha querido hacer ni hará de aquí al 31 de enero; que una vez asentado en Casa Puebla mande una discreta sugerencia a la Comisión Inspectora del Congreso del Estado para que, por fin, le sean avalados los números pendientes.
“¿Cómo hará eso Gali si Rivera Pérez no lo apoyó en campaña?”, se preguntará usted.
Allá mismo, con Eduardo Rivera, responderán que, quedándose callado, también ayudó.
Es por eso que tienen la esperanza de que el relevo en el gobierno del estado termine en automático con las hostilidades existentes en su contra.
Andan muy optimistas, pero en la realidad no será tan sencillo.
Al interior del equipo de operadores del gobernador electo fueron más las voces que reprobaron su ausencia en campaña que aquellas que valoraron su silencio.
El saldo, pues, le resulta negativo a Rivera.
Como sea, los seguidores del ex alcalde y ex presidente estatal del PAN prometen más resistencia en 2018 que la que ofrecieron en 2016, cuando su jefe optó por el exilio a Quintana Roo en lugar de quedarse a pelear la candidatura.
A eso le agregan la eventual nominación de Margarita Zavala de Felipe Calderón como abanderada del PAN al gobierno de la República, un asunto que consideran de extrema relevancia para sus planes.
Habrá que ver si las previsiones que trazan de manera sigilosa, ya no tan secreta, se encaminan por esa ruta.
***
Tal vez se enteró usted mientras transcurrían los hechos justo hace tres años, pero si no, aquí se lo platico.
Fernando Morales Martínez fue protagonista de un primer intento de expulsión de las filas del PRI después de las elecciones intermedias locales de 2013, cuando el tricolor postuló como abanderado a la presidencia municipal de Puebla al ex rector de la BUAP, Enrique Agüera Ibáñez.
Esa vez, el ex presidente estatal del PRI fue blanco de la metralla de Fernando Moreno Peña, quien como delegado especial del CEN para ese proceso electoral fue testigo de los vínculos políticos de Morales Martínez con el gobernador Rafael Moreno Valle.
Desde el Comité Directivo Estatal, acusó Moreno Peña a su tocayo con el presidente del CEN, César Camacho Quiroz, y con funcionarios de la Secretaría de Gobernación federal como Jorge Márquez Montes, el hijo del ex gobernador Melquiades Morales trabajó para los intereses de Moreno Valle, no para los del PRI.
Con el respaldo de Pablo Fernández del Campo, por aquellas fechas dirigente estatal del PRI, Moreno Peña quiso abrir un expediente de expulsión que además de Fernando Morales incluía a Javier López Zavala y Enrique Doger Guerrero.
Al final no pudo hacerlo.
Su intento golpeó con una muralla insalvable.
El cabildeo de los involucrados y la intervención de operadores morenovallistas con sus aliados del CEN priista y el gobierno federal, donde también los tienen, bastaron para enterrar la amenaza.
***
Cuentan que hay un personaje poblano especialmente satisfecho con la reciente aprehensión del empresario Naim Libien Kaui, propietario del periódico Unomásuno, por el delito de defraudación fiscal.
Entre los allegados al empresario de origen libanés corre la versión de que el diputado federal y presidente del PRI en Puebla, Jorge Estefan Chidiac, pretendía desde hace algún tiempo usar sus influencias al interior de la Secretaría de Hacienda para investigar al hoy detenido.
Incluso en el pasado, tanto Libien Kaui como su hijo, Naim Libien Tella, señalaron de manera pública a Estefan por presuntamente amagarlos con el comienzo de una indagatoria en su contra, dadas las diferencias personales que habían tenido.
Según esto, un funcionario de primer nivel, amigo del líder priista, habría estado dispuesto a emplear la información de la que disponía en Hacienda para proceder a la investigación.
¿Será entonces que la detención del empresario tiene alguna conexión, su origen pues, con el dirigente estatal del PRI?
Es pregunta.
@jorgerdzc
https://www.elsoldepuebla.com.mx/columna/que-vuelve-de-entre-las-cenizas
