A Puerta Cerrada
Por Jorge Rodríguez
Parecen tener razón quienes recientemente han advertido acerca de la incomodidad del gobernador electo, José Antonio Gali Fayad, frente a la premura de algunos panistas por lanzarse de manera anticipada a la sucesión de 2018, incluso antes de que él rinda protesta.
En ciertos casos la incomodidad ha pasado a la molestia, y en otros, los menos, la molestia se ha traducido en el veto momentáneo para formar parte de su administración estatal.
Cuentan que Gali ha pensado en los adelantados, todos emanados del morenovallismo, al igual que él, como personajes irrespetuosos que pretenden pasar por encima de su investidura.
Si bien no estaría en contra de que cada quien se dedique a construir el camino para contender por una candidatura en 2018, la que sea, sí observa con cierto nivel de disgusto que no esperen por lo menos al 1 de febrero, cuando, entonces sí, estarían dadas las condiciones políticas para arrancar su sucesión.
Así que ya lo sabe, si es usted panista-morenovallista y aspira a la gubernatura del estado en 2018, mejor váyase despacio, con discreción.
De lo contrario, podría hacer que se liberen los demonios de la exclusión en su contra.
Así podría quedar fuera de la contienda, incluso hasta de una diputación local, el cargo menos relevante que estará en disputa ese año.
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Por supuesto, el único personaje que no encaja en el grupo mayoritario de aspirantes panistas al gobierno del estado y que por tanto no está obligado a obsequiarle obediencia incondicional a Gali (ni a Rafael Moreno Valle), es el ex presidente municipal Eduardo Rivera Pérez.
Dadas sus condiciones de precandidato marginal, hecho a un lado por el grupo en el poder, incluso desterrado de la entidad, Rivera no tendría por qué respetar los protocolos no escritos que le demandan prudencia a los suspirantes.
Aun así, el ex edil y ex presidente estatal del PAN no planea irrumpir en la escena política para lanzarse públicamente a la contienda interna.
Al menos no por ahora, cuando el gobernador con el que no pudo tejer una buena relación personal sigue al mando del estado.
Alrededor de Rivera Pérez coexisten todavía militantes del blanquiazul que añoran recuperar el control del partido.
Ven al ex alcalde como la única oportunidad para conseguirlo y lo alientan a buscar la candidatura.
Por ello no hay que perderlo de vista.
Aunque acotado y de bajo perfil, Rivera Pérez trabaja en silencio por el mismo puesto de elección popular que tienen en la mira, en orden estrictamente alfabético, Javier Lozano Alarcón, Jorge Aguilar Chedraui, Luis Banck Serrato y Martha Erika Alonso Hidalgo.
@jorgerdzc
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