El Dinero Sucio que no Llegó a la Campaña de Blanca Alcalá
La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam
La Operación Zafiro, nos dice el columnista Roberto Zamarripa, de Reforma, nació en las faldas priistas en 2015 y fue replicada, sin éxito, en 2016.
En su columna Tolvanera, que se publica los lunes, narró el fracaso que significó para los candidatos del PRI en este año de descalabros.
Vea el hipócrita lector:
“Los votantes llegaron. A borbotones. Como nunca el operativo de movilización de sufragantes redituaba en las casillas. Hileras de personajes con camisas rojas, debidamente identificados. Nombre, dirección, número de credencial de elector, santo y seña. Ya votó fulano, ya votó perengano.
“Le denominaron Operación Zafiro. Un operativo aplicado en 2015 y replicado en 2016. Pero a la hora del conteo de votos, las camisas rojas comenzaron a desteñirse. El PRI movilizó el 5 de junio votantes para que sufragaran en su contra. Los cautivos se rebelaron.
“Los jefes del priismo y del gobierno incubaron desde dentro su derrota electoral y nunca se dieron cuenta”.
En Puebla no fue diferente, aunque sí alcanzó matices gloriosos, dignos de formar parte de la Historia Nacional de la Infamia.
El diputado federal Víctor Manuel Giorgana ordenó que sus ayudantes cargaran maletas con dos y medio millones de pesos hasta la unidad habitacional “La Margarita”, por la zona de La Calera.
Se trataba de repartir los recursos de la Operación Zafiro entre los priistas que iban a movilizar a los supuestos sufragantes para que Blanca Alcalá arrasara en las urnas.
Era dinero negro de la campaña Blanca: una campaña que, como la Operación Zafiro, terminaría marcada.
Así, pues, llegó Giorgana dos días antes de la elección a un lugar que los habitantes de “La Margarita” usan para sesionar de vez en cuando.
Y ahí estaba muy feliz el diputado repartiendo el dinero black.
Dinero negro proveniente de las arcas del gobierno federal.
Dinero sucio como el que denunciaron los priistas que bajaba para la Elección de Estado.
De pronto –esto ya se lo conté al lector en una columna anterior–, un grupo de encapuchados irrumpió en la entrega de los recursos económicos, amenazó con armas a Giorgana y compañía, y se llevó el dinero negro en menos de tres minutos.
–Hay que denunciar los hechos –propuso alguien.
–Imposible –dijo muy serio Giorgana–. Es dinero negro. No tenemos forma de acreditar su origen sano.
En efecto.
El dinero de las cañerías no resiste la prueba del ácido ante una denuncia judicial.
Perturbado, el diputado le comunicó los hechos a Willie Ochoa, secretario de Organización del CEN del PRI, quien movió sus influencias para que el dinero para movilizar votantes rojos volviera a bajar.
Y así ocurrió.
Al otro día, unas horas antes de la elección, a las manos de Giorgana llegaron, otra vez, dos y medio millones de pesos en dinero sucio.
Fuentes dignas de crédito que pidieron la gracia del anonimato revelaron que en ese momento el diputado federal que sueña con ser gobernador tomó una decisión trascendental: quedarse con las maletas porque ya no daba tiempo de hacérselas llegar a los movilizadores y, además, se corría el riesgo de que los amigos de lo ajeno los volvieran a robar.
Su salomónica decisión, al decir de las fuentes priistas, le redituó sólo a él, porque sus movilizados sólo tragaron promesas.
Hablando de Willie Ochoa, el mismo diario Reforma publicó este martes algunos datos de la naturaleza de su trabajo.
Y es que quienes pensaron que vino a operar a Puebla se llevaron un chasco.
Antes que Blanca Alcalá, su prioridad fue otra: “En los procesos electorales de este año, se dedicó más tiempo a buscar clientes para su empresa de outsourcing que a labores partidistas”.
Todos los días en el PRI se enteran de nuevas traiciones y enjuagues de dinero.
Luego por qué pierden.
