Como el pudor se ha perdido en todas las esferas de la política nacional y local, ocurre lo siguiente: desde hace algunas semanas se sabe que Rubén Gil Campos ha regresado a Izúcar de Matamoros y ha empezado a reunirse con grupos políticos tendiente a volver a ser postulado como candidato a presidente municipal, luego de que en 2008 solamente duró 40 días en el cargo de edil tras ser detenido por asuntos del narcotráfico en Estados Unidos.
Se sabe que grupos del PRI y del Partido del Trabajo (PT) han buscado reunirse con él para intentar postularlo como candidato. Y Gil Campos, conocido con el mote de “el Gavilán”, desde que salió en prisión, en mayo de este año, ha dicho que busca vengarse de los priistas que en 2008 lo dejaron solo y no lo apoyaron cuando cayó preso en los Ángeles, California.
Hace dos semanas el ex edil tenía programada una primera cita con miembros del PT, en una restaurante conocido como El Manglar, en Izúcar de Matamoros, pero el ex alcalde no llegó a la cita y se reprogramó el encuentro.
A diferencia de los años 2006 y 2007, en que Gil irrumpió en la escena local de Izúcar de Matamoros y del PRI en el estado haciéndose notar por despilfarrar dólares y exhibir su historia de un migrante que pasó de ser un pobre vendedor de flores al menudeo a ser un poderoso transportista en Estados Unidos, ahora “el Gavilán” ha optado por un bajo perfil, como estrategia para impedir ataques políticos en su contra.
Un asunto que nunca se ha aclarado es por qué el marinismo lo encumbró, le dio todas las facilidades para ser candidato del PRI, le entregó en comodato un conjunto de naves industriales y le toleró que se convirtiera en esa especie de líder político de los alcaldes de la Mixteca poblana, haciendo oídos sordos de que Gil era un personaje con problemas con la ley en Estados Unidos.
Como parte de esa protección, la 57 Legislatura local nunca lo destituyó como presidente municipal de Izúcar de Matamoros, sin importar que este personaje pasara casi todo el trienio encerrado en un par de cárceles de la unión americana.
De tal forma que Rubén Gil no está imposibilitado legalmente para volver a ser candidato a alcalde. Al final, en Estados Unidos acabó encarcelado por un periodo de cuatro años y sancionado por el delito de evasión fiscal. Se dice que es testigo protegido y eso habría evitado que prosperaran en su contra los cargos por supuestamente traficar cocaína en las calles de Nueva York. Aunque también se dice que nunca le pudieron probar su vinculación al comercio de estupefacientes.
Las posibilidad de que Rubén Gil regrese a la esfera política no se reducen únicamente al aspecto legal, sino que en Izúcar de Matamoros parece haber condiciones para que recupere la popularidad que le caracterizó en el proceso electoral de 2007. Y no porque “el Gavilán” sea un buen político, sino por su personalidad identificada con los migrantes y sobre todo, por el descrédito de la clase política local.
Y es que la mayoría de los aspirantes a ser candidatos a presidentes municipales, del PRI, la izquierda o el PAN, tienen como principales características ser parientes de ex alcaldes o ex legisladores, o estar vinculados a actos de corrupción.
Una muestra de lo anterior es que el principal aspirante del PRI a la alcaldía es Violeta Cervantes Cardoso, quien es esposa del diputado federal y ex edil de ese municipio, Filiberto Guevara, el mismo que hace unos meses decía públicamente, sin ningún pudor, que se había vuelto a postular a un cargo de elección popular porque se lo había pedido el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas.
Comportamientos como el de Filiberto Guevara degradan a la política local y enojan mucho a la gente de Izúcar. Dicha situación, seguramente es la que buscará utilizar Rubén Gil Campos, en caso de que logre postularse, pues ya la vez pasada que contendió logró ganar por ejercer una fuerte crítica contra la clase política local y en 2007 le funcionó a la perfección.
Lo más cuestionable es que los partidos políticos estén tras la búsqueda de los dólares de Rubén Gil y se olviden de las terribles consecuencias que dejó el paso del “Gavilán” por la política local. Lo cual muestra que el pudor se acabó en la política poblana.
