Quienes creen que el primer pensamiento de Enrique Peña Nieto a la hora de rendir protesta como Presidente de México será el de las elecciones poblanas en 2013 están rotundamente equivocados.
Tampoco pensará en ese tema cuando viaje a Palacio Nacional en su Lincoln negro blindado, equivalente local de “La Bestia” de Obama.
En su primer mensaje –oh, decepción- no estarán presentes esos comicios.
Menos aún en la salutación del Campo Marte.
Impensable en la primera noche en Los pinos.
El tema surgirá en forma al regreso de las vacaciones de Navidad y Fin de Año.
Será entonces cuando alguien lo comente y éste tome la forma de una burbuja de jabón: se elevará por unos segundos y, ¡plop!, estallará en el aire.
Hay asuntos verdaderamente importantes para el 2013.
Los dos claves: las reformas Fiscal y Energética.
Reformas que han estado durmiendo el Sueño de los Justos durante sexenios enteros.
Reformas postergadas necesaria e innecesariamente.
El Presidente (electo) Peña Nieto sabe que PEMEX es la parte toral de su sexenio.
Si fracasa la empresa, pierde todo.
Si la empresa triunfa, gana todo.
No hay medias tintas.
Y para ello requiere la Reforma Energética.
En la agenda del próximo Gobierno las prioridades para el primer año son, pues, las dos reformas.
Reformas que sólo tendrán vida con el voto indispensable de la bancada panista.
PRI y PAN juntos otra vez, pero ahora en la zona más profunda de la encrucijada nacional.
Las primeras pláticas ya se dieron.
Hay promesas de marchar del brazo.
Codo con codo.
Cueste lo que cueste.
Y la idea es que dichas reformas sean votadas en los primeros meses de 2013.
Antes de los comicios poblanos.
En política, ya se sabe, los acuerdos son sagrados.
Y el año electoral no escapa a esos acuerdos.
Al contrario: será parte de ellos.
Una de las primeras apuestas electorales del Presidente Peña Nieto será la de ir sembrando el campo para que florezca en el 2015, cuando se renovará la Cámara de Diputados.
Una mayoría legislativa abrumadora es la meta para entonces.
Ésa es la elección clave.
La inercia del PRI en Puebla es el mejor ejemplo del franco desinterés que hay sobre el tema.
Y es que mientras el gobernador Rafael Moreno Valle mueve sus fichas abrumadoramente, los priistas poblanos se solazan en el mar de las ambigüedades y los buenos deseos.
Y así no se ganan las elecciones.
Es clarísimo: los comicios poblanos pasarán por los acuerdos de las reformas Fiscal y Energética.
Lo que salga de ahí marcará los derroteros.
Dos Comidas, Dos Señales. El Viernes hubo dos comidas de cumpleaños.
La de Tony Gali (al más puro estilo priista: costillas, pollos y refrescos, aderezados por polvo cholulteca) y la de Javier Lozano (al más puro estilo panista: comida libanesa, whisky, residencia en La Vista).
A la de Tony acudieron como seis mil 237 personas.
A la de Lozano, sesenta convidados.
En esta última estuvo presente Fernando Manzanilla Prieto, secretario general de Gobierno, a quien rodearon, francos y presurosos, los invitados del senador Lozano: Juan Carlos Mondragón y Rafael Micalco, presidentes saliente y entrante del PAN; Pablo Rodríguez Regordosa, titular de la Secotrade; el diputado Mario Riestra, el alcalde Miguel Ángel Huepa, un par de regidores del ayuntamiento de Puebla y un nutrido grupo de empresarios.
Con Tony Gali estuvieron el gobernador, Martha Érika Alonso deMoreno Valle, la mayor parte de los secretarios de Despacho, varios diputados federales y locales, así como una decena de presidentes municipales.
Hubo un momento en que Manzanilla fue a felicitar a Tony Gali, quien a lo largo de su fiesta saludó, cantó y quedó ronco.
Estas imágenes son las pruebas vivientes de que el gobernador lleva recorrido cuando menos el treinta por ciento del camino al 2013.
¿Y el PRI?
Muy bien.
Gracias.
Aquel Mensaje de Pedro Joaquín a Fernando Morales. El 4 de noviembre, dos días después del Día de Muertos, le platiqué en este espacio acerca de un mensaje brutal que tuvo como destinatario al hoy defenestrado Fernando Morales Martínez, quien en esos momentos todavía era presidente del CDE del PRI.
Vea el lector:
Hace unos días llegó una carta a la oficina de Fernando Morales.
El mensajero entró al edificio del PRI de la Diagonal y a pregunta expresa dijo que traía una misiva para nuestro personaje.
Subió los escalones, atravesó el hall y llegó hasta donde atendía la secretaria del dirigente.
“Le traigo esta carta al licenciado Fernando Morales”, dijo con voz clara.
La mujer tomó el sobre, abrió los ojos al ver el nombre del remitente y le dijo al muchacho que ella lo entregaría.
Y es que Fernando no se encontraba en ese momento.
“No, señorita. Aquí lo espero. Se lo debo entregar personalmente. Son las instrucciones que tengo”, dijo el mensajero.
Esperó una hora, dos, tres, cuatro, hasta que por fin apareció Fernando.
En ese momento se enteró que el remitente era Pedro Joaquín Coldwell, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del partidazo.
Los ojos de Fernando se abrieron como dos ostiones al ver que su presidente había escrito en el sobre: “Con los atentos saludos de Pedro Joaquín Coldwell”.
Respiró profundo, tarareó una canción y se dijo a sí mismo “¿qué será, qué será?”.
En su interior halló un mensaje siciliano que lo hizo palidecer.
Una y otra vez lo leyó, sí, cuentan quienes lo vieron.
Lo leía, sí, y revisaba el sobre.
Lo leía y musitaba para sí: “Con los atentos saludos de Pedro Joaquín Coldwell”.
No hizo falta más.
El destinatario había entendido el mensaje del remitente.
¿Qué mensaje le envióPedro Joaquín Coldwell a Fernando Morales?
No era una tarjeta de navidad, ni unbono por sus servicios prestados al PRI.
Eran, sí, las líneas de una columna política poblana evidentemente dictadas por Fernando Morales: “Peligroso el pensamiento de Joaquín Coldwell porque se trata de la reedición de uno de los más acentuados vicios del priismo: el ‘influyentismo’. (…)
Pero así era el viejo PRI y así parece que será el nuevo: netamente centralista, adorador del ‘influyentismo’.”
***Este sábado empezó la ceremonia de los adioses de Fernando Morales.
Durante el polémico curso que ofreció en el Presidente Intercontinental, en corto, muy en corto, empezó a despedirse de los suyos argumentando que tenía dos ofrecimientos en el gobierno federal.
