“Un Presidente no tiene amigos”.
La frase es dura, pero es más dura si el que la dice –como es el caso- es el hombre que dentro de ochenta días rendirá protesta como Presidente de México.
“Un Presidente no tiene amigos”.
Brutal el decásilabo, certero, terriblemente real.
El Presidente Echeverría traicionó al Presidente Díaz Ordaz cuando el 2 de octubre de 1969, ya convertido en candidato del PRI a la Presidencia, guardó un minuto de silencio por los estudiantes asesinados en la Plaza de Las Tres Culturas.
Díaz Ordaz recibió la primera puñalada y supo que el burócrata gris, calvo, de lentes –al que había destapado como candidato entre muchos otros- lo traicionaría muchas veces más a lo largo del nuevo sexenio.
Por eso, como escribió en sus memorias, cada vez que se miraba en el espejo matutino repetía una frase exacta y redonda: “¡Pendejo, pendejo, eres un pendejo!”.
El amigo del alma del Presidente Echeverría era el Presidente López Portillo, y fue por eso que lo eligió como su sucesor.
Al paso de los meses, López Portillo lo mandó al exilio: lo hizo embajador de México en las Islas Fiji.
El Presidente De la Madrid, alumno distinguido de López Portillo en la materia “Teoría General del Estado”, fue el sucesor del hombre que le pidió perdón a los pobres de este país.
Y apenas se sentó en la Presidencia Imperial, inició la renovación moral de la sociedad con dedicatoria al hombre al que le tenía que estar agradecido.
También metió a la cárcel a dos de los mejores amigos de López Portillo: al general Durazo y al ingeniero Díaz Serrano.
Salinas de Gortari es la excepción que confirma la regla: nombró a De la Madrid director del Fondo de Cultura Económica y le autorizó que construyera un edificio con amplios jardines y un despacho similar al que tenía en Los Pinos.
El Presidente Zedillo retomó el ritual de las traiciones al enviar a la cárcel al hermano del ex presidente que lo puso en la senda de la Presidencia.
La guerra duró todo el sexenio.
“Un Presidente no tiene amigos”.
La frase es demoledora dicha por un priista que será Presidente en ochenta días.
Quizás todo provenga de las traiciones que entre sí se hicieron Madero, Huerta, Zapata, Carranza, Obregón y Elías Calles.
Aunque hay una ejemplar: la que el felón Guajardo cometió en contra de Zapata en la Hacienda de Chinameca.
Carrancista de cepa, Guajardo fingió ante Zapata que había abandonado las filas del “Barbas de Chivo” y para confirmarlo fusiló a varias decenas de los suyos.
Zapata le creyó y reconoció su honestidad.
Guajardo, más zalamero que un diputado federal con Don Beltrone, le dijo al “Atila del Sur” que quería ser zapatista.
“Miliano” se conmovió y lo aceptó en sus filas.
Quedaron de verse en Chinameca.
Zapata llegó con una decena de hombres.
Tras los honores de rigor y el toque de la trompeta, Guajardo y sus fieles ajusticiaron a Zapata.
“Un Presidente no tiene amigos”.
¿Será?
El Presidente Fox mandó al desempleo y al carajo a dos de sus mejores cuates: José Luis “El Bigotón” González y Lino Korrodi, creadores y promotores de “Amigos de Fox”.
El Presidente Calderón llegó a Los Pinos con una traición a cuestas: la que orquestó en contra de Carlos Castillo Peraza, su mentor y amigo.
Don Melquiades Morales suele preguntar cuando sabe que alguien habla mal de él: “Ah, caray, ¿qué favor le habré hecho?”.
“Un Presidente no tiene amigos”.
Cierto.
Está rodeado de intereses.
Enrique Peña Nieto hizo bien en decirlo ante un grupo de aduladores que ya lo llaman “amigo”, “bro”, “hermano” en aras de hacer negocios.
Que Doger Dijo No. Ahora resulta que el diputado Enrique Doger nunca aspiró a estar en la Burbuja de don Beltrone.
Ahora resulta que la foto que vimos en la que muy sonriente presume su cercanía con el líder de la bancada priista fue un espejismo nacional.
Ahora resulta que fue falsa de toda falsedad la versión que le dictó a cinco o seis columnistas locales.
Ahora resulta que nunca estuvo en su cabeza ser vicecoordinador de la bancada.
Ahora, ajá, resulta…
Ya mandó decir que le explicó a Manlio Fabio Beltrones que era mejor estar en Puebla haciendo campaña en vías de 2013 que estar ahí sentadote viviendo las mieles de la Burbuja.
Y que aunque le rogaban para que se quedara, Beltrones entendió sus razones y le dijo que contara con su apoyo para la Presidencia Municipal.
Ayer mismo, por cierto, me llegó otra versión sobre la curul que ocupa, y con las que nos hizo creer que era parte, cómo carajos no, de la multicitada y anhelada Burbuja.
Cuentan sus compañeros que al no encontrar asiento en la zona destinada a los diputados poblanos, el doctor Doger buscó un lugar cercano a Manlio Fabio.
Y se encontró con la curul que hoy regentea.
Sus colegas cuentan que este martes, cuando Beltrones repartió las vicecoordinaciones, Doger andaba de pésimo humor.
Es puntualización que vomita bilis.
