La política es un tema de señales.
Hay periodistas que las entienden en el momento justo.
Hay otros que las ven pasar como si fueran bolas rápidas.
Arturo Rueda, “El Nigromante”, fue de los primeros en su columna del lunes anterior.
Y es que supo ver, con precisión de beisbolista, los efectos de una estrategia en la que están involucrados el gobernador Moreno Valle y el candidato López Obrador.
Vea el lector:
“López Obrador tampoco será el beneficiario del movimiento del aparato porque cometió el error estratégico de poner al Tigre contra las cuerdas, al denunciar sin pruebas un supuesto amafiamiento con los gobernadores priistas para hacer ganar a Peña Nieto. Y fue un error porque hasta el momento no hay ninguna evidencia de tal reunión, ni de que el gobierno estatal haya volcado sus fuerzas para hacer ganar a alguien. Y ni siquiera que haya buscado obstaculizar el impresionante crecimiento del lopezobradorismo en Puebla, especialmente en la capital.
“El Tigre puede que no simpatizara con la candidatura presidencial de las izquierdas, pero tampoco se definió como su enemigo. Incluso se habían tendido bastantes puentes de comunicación con el tabasqueño a través de Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard y Jesús Zambrano. Por eso sorprendió la salida de tono en el Hermanos Serdán. López Obrador fue el que movió ficha para definirse como enemigo del Tigre al emplazarlo públicamente, ante un auditorio de 35 mil poblanos, a explicar un supuesto pacto mafioso para hacer ganar a Peña Nieto. “Entonces se peleó con uno de los cinco gobernadores del país que tendrán un papel fundamental el 1 de julio.”
Hasta aquí la cita que se cae de doble play.
En efecto: la actitud de López Obrador fue por demás innecesaria.
Olvidó que Puebla es uno de los cinco estados claves que definirán la elección del primero de julio.
Y eso en momentos como este es la diferencia entre el cielo y el infierno.
Basta ver la encuesta del diario Reforma para entender por dónde está soplando el viento.
El Impresentable que Grita “¡Fraude, Fraude!”. Manuel Bartlett es un auténtico impresentable.
Ahí donde se para Andrés Manuel López Obrador, surge, qué pena, el nombre del ex gobernador de Puebla.
Ayer fue mencionado dos veces para vergüenza de los lopezobradoristas.
La más punzante fue Josefina Vázquez Mota, candidata del PAN a la Presidencia de México, quien acusó a López Obrador de ser un incongruente, una vez que en 1988 acusó a Bartlett del fraude electoral contra la izquierda y hoy lo tiene como candidato al Senado.
Vicente Fox fue otro de los que señaló a Bartlett en un ejercicio de política ficción.
Y es que cuando puso como ejemplo el gabinete de Enrique Peña Nieto mencionó a Bartlett como un personaje deleznable que estaría al lado de López obrador.
Eso hace de nuestro ex gobernador el impresentable de la temporada.
El más repudiado.
El más patético.
Ayer, por ejemplo, en el programa radiofónico del columnista Ricardo Morales, Bartlett tuvo la cara dura de hablar del fraude electoral que se está preparando en contra del candidato de las izquierdas.
Sí.
Bartett, el mismísimo, hablando de un fraude electoral.
Pero ahora en el papel de víctima.
No como hacedor.
Como perjudicado.
Y más: dijo en alusión a Rafael Moreno Valle y a los gobernadores priistas que apoyan a Peña Nieto que se reunieron como integrantes del “crimen organizado”, pues los gobernadores, así lo dijo, “tienen prohibido desviar recursos hacia algún candidato”.
Qué cara dura.
¿Ya olvidó el señor Bartlett cuando metió todo el aparato para que en 1997 ganaran sus quince candidatos?
¿No fue él quien metió al PRI estatal a Mario Marín, su hijo político, para que encabezara el operativo patrocinado por el gobierno del estado?
¿Ya lo olvidó tan pronto?
