Esperanza de cambio o miedo a él. Ese el dilema bajo el que los griegos están acudiendo a votar en unas elecciones cruciales y que pueden marcar no sólo el futuro del país, sino del conjunto de la eurozona.
El ejemplo son Manos, estudiante de 22 años, y su padre, Iosef, jubilado de 64 años.
Ambos votaron hoy con la esperanza de “un cambio para el país” en un colegio electoral de Kukaki, un céntrico barrio ateniense de clase media venida a menos.
Un deseo común expresado de forma totalmente diferente: Iosef apostó por los conservadores de Nueva Democracia -“el único partido que puede cambiar la situación y mejorar la economía”- y su hijo por el minoritario Izquierda Anticapitalista -“los más dispuestos a cambiar este país, aunque no entren en el Parlamento”-.
“Es la diferencia entre la vieja generación y la nueva”, consideró Manos.
Takis, un pinchadiscos de 46 años que hasta ahora era votante del Partido Comunista, depositó su sufragio por la izquierdista Syriza, con la esperanza de que un nuevo Gobierno “saque a Grecia de la miseria” y haga respetar la “dignidad” del país.
