A pesar de la clausura parcial y temporal impuesta por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), el relleno sanitario de Chiltepeque continúa operando bajo restricciones, mientras persisten las denuncias por brotes y escurrimientos de lixiviados que mantienen en alerta a habitantes y colectivos ambientalistas del sur de la capital poblana.
La medida federal fue aplicada luego de que inspecciones detectaran un manejo inadecuado de los lixiviados —líquidos generados por la descomposición de los residuos sólidos—, cuya acumulación se agravó con el inicio de la temporada de lluvias. La Profepa determinó que estos escurrimientos representan un riesgo potencial para el suelo y los cuerpos de agua cercanos.
Sin embargo, la clausura no implicó el cierre total del sitio. Autoridades municipales precisaron que el confinamiento de residuos continuaría de manera limitada y coordinada para evitar afectaciones mayores en el servicio de recolección de basura, especialmente en Puebla capital.
Denuncian que el problema persiste
Pese a las acciones ordenadas por la autoridad ambiental, activistas han advertido que los lixiviados continúan representando un problema en la zona.
Recientemente, se difundieron nuevas evidencias sobre escurrimientos presuntamente provenientes del relleno sanitario. Organizaciones y defensores ambientales señalaron que, lejos de resolverse de fondo, la problemática persiste y requiere una intervención más contundente de las autoridades competentes.
De acuerdo con reportes periodísticos, integrantes de colectivos ciudadanos han denunciado la existencia de conductos y puntos de descarga por donde los líquidos contaminantes siguen desplazándose hacia áreas aledañas.
Una crisis anunciada
La situación en Chiltepeque no es nueva. Habitantes de comunidades cercanas y organizaciones ambientalistas han advertido durante años sobre posibles afectaciones derivadas de la operación del relleno sanitario.
El relleno sanitario de Chiltepeque, ubicado en la junta auxiliar de Santo Tomás Chautla, recibe desechos de Puebla capital y de varios municipios conurbados, lo que ha incrementado la presión sobre su capacidad operativa, particularmente tras el cierre de otros sitios de disposición final en la entidad.
Entre la emergencia ambiental y la operatividad
Tras la clausura, algunos municipios anunciaron ajustes temporales o suspensiones parciales en la recolección de basura; no obstante, posteriormente se establecieron mecanismos para permitir el ingreso controlado de residuos al relleno sanitario.
Mientras tanto, la empresa concesionaria deberá acreditar ante la autoridad federal que cuenta con medidas eficaces para el control, manejo y mitigación de los lixiviados generados en el sitio.
La permanencia de nuevos brotes ha reavivado el debate sobre la viabilidad del modelo actual de disposición final de residuos en Puebla y la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención, reciclaje y supervisión ambiental.
Por ahora, Chiltepeque continúa recibiendo basura bajo una clausura parcial que, para vecinos y activistas, no ha sido suficiente para frenar un problema que amenaza con profundizarse conforme avance la temporada de lluvias.
