Para que el crecimiento de las izquierdas se consolide, luego de lograr mayores votos en la elección de este año y hacia la antesala de la presidencia, Andrés Manuel López Obrador, debe entregar la estafeta a un nuevo liderazgo, consideró el académico de la Ibero Puebla, Juan Luis Hernández Avendaño.
El académico, reconoció el mérito de la lucha de décadas del tabasqueño, quien, con pocos recursos, se enfrentó con un gran resultado a campañas electorales con oponentes que tuvieron, tanto recursos económicos, como el apoyo de poderes fácticos; sin embargo, para que la izquierda logre mayor credibilidad y confianza en el electorado escéptico, esta corriente debe pujar por un nuevo liderazgo que trascienda a su estructura de grupos.
“La izquierda se vuelve a quedar en la antesala de la presidencia, es un gran logro porque lo hizo más con el poder de los ciudadanos y la sociedad desde abajo, sin embargo, la izquierda tiene el reto de capitalizar ser la segunda fuerza política de México y enfrentar los próximos años con un nuevo liderazgo. Andrés Manuel, debe entregar la estafeta y creo que este es el tiempo”.
En cuanto al anuncio de López Obrador de impugnar el proceso electoral, el coordinador de la licenciatura de Ciencias Políticas de la Ibero, Víctor Manuel Figueras Zanabria, consideró que ello es positivo y no es para generar alarma, ya que esta figura está contemplada en las normas electorales, por lo que el candidato no estaría al margen de la ley y, por el contrario, auguró que éste confiará en el dictamen final que emitan las autoridades del Tribunal Electoral, luego del proceso, por lo que se congratuló de que no hay amenazas de plantones y movilizaciones que afecten las actividades de la ciudadanía.
Finalmente, ambos politólogos, consideraron que la elección fue un castigo al Partido Acción Nacional y a la política de lucha contra la delincuencia organizada que entabló el presidente, Felipe Calderón Hinojosa, y que el Partido Revolucionario Institucional ganó por la efectividad de su campaña mercadotécnica y por el payo de poderes fácticos, como los monopolios televisivos y el magisterio, además de algunas casas encuestadoras que se comportaron como organismos de propaganda.
