Luego de la elección del 1 de julio, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) poblano ha quedado en el dilema de recuperar su identidad como fuerza política opositora de izquierda o seguir siendo un partido satélite del gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas. Por ahora, hay indicios de que existen esfuerzos para que ocurra lo segundo, pues eso explica la reciente presencia en Casa Puebla del senador electo y líder nacional de Nueva Izquierda, Luis Miguel Barbosa Huerta.
Y es que desde hace algunos días en general los líderes de Nueva Izquierda, que a nivel nacional son encabezados por Jesús Ortega Martínez y Luis Miguel Barbosa Huerta, han empezado a mostrar un alejamiento del Movimiento Progresista, que es la coalición que postuló a Andrés Manuel López Obrador; y parecería que ya están buscando negociar con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) una serie de posiciones para el nuevo sexenio, en lugar de seguir luchando por la limpieza de la elección del 1 de julio.
Una prueba de ello es que Graco Ramírez, el gobernador electo de Morelos y miembro de Nueva Izquierda, hace unos días hizo un llamado a López Obrador a construir la gobernabilidad del país en lugar de encabezar un conflicto poselectoral.
Dicho de otra manera, se empieza a percibir que la corriente de “Los chuchos”, que es como se conoce popularmente a Nueva Izquierda, ya está empezando a traicionar la causa de las izquierdas que contendieron en la elección presidencial.
Por eso dentro del movimiento lopezobradorista se ha desatado la discusión acerca de que si el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) debe seguir siendo un movimiento social o convertirse en partido político, toda vez que no se puede seguir confiando en las tribus que controlan al PRD y en especial de Nueva Izquierda, las cuales en el pasado se dedicaron a pactar con el Partido Acción Nacional (PAN) y ahora, se están preparando para hacerlo con el PRI.
En el caso de Puebla, queda claro que el pasado 1 de julio la izquierda, en su conjunto, obtuvo el mejor resultado electoral en toda la historia del estado.
Hace seis años, el PRD, el Partido del Trabajo (PT) y entonces el Partido Convergencia (PC), consiguieron en la entidad una votación conjunta de 639 mil sufragios, ubicándose por debajo del PAN que tuvo 743 mil sufragios y encima del PRI, que se quedó con 460 mil votos, el cual fue su peor resultado.
Ahora, las tres fuerzas de las izquierdas llegaron a los 860 mil votos, la cual fue una cantidad más alta que el resultado de todos los contendientes de 2006 y 2012.
Nunca antes la izquierda quedaba en primer lugar en una votación estatal. Ni mucho menos había la sensación de que esta opción ganó la elección de senadores y en ocho distritos, y que una operación de “mapachería” les arrebató esos triunfos a favor del PAN, en mayor medida, y del PRI, en menor medida.
Prácticamente la izquierda antes de esta elección no siquiera se había quedado en un segundo lugar en algún distrito federal del estado, a excepción de Izúcar de Matamoros en 2006.
Tal situación tenía que obligar a la izquierda a seguir dos rutas: una, adoptar una actitud beligerante contra el “robo” que sufrieron en la elección de senadores y diputados, el cual acabó beneficiando los intereses políticos del gobernador Rafael Moreno Valle. Y dos, aprovechar el resultado electoral para empezar a construir un proyecto político de largo alcance que les permita ser competitivos en los comicios locales de 2013.
Quien se ha apegado a las anteriores líneas de conducta es Manuel Bartlett Díaz, quien se negó a asistir a la reunión que convocó Rafael Moreno Valle Rosas, en Casa Puebla, el martes pasado para dialogar con los nuevos legisladores electos del estado de Puebla. Ya que si Bartlett hubiera acudido se habría validado el fraude que la izquierda sufrió el 1 de julio.
Además, resulta injustificable que los nuevos legisladores del PRI, el PAN y la izquierda, hayan acudido a rendir pleitesías a Rafael Moreno Valle Rosas, pues su elección se debe al voto ciudadano, no a la acción del gobernador. Y tal parece que los nuevos diputados y senadores se les olvida que deben ser un contrapeso y no ponerse al servicio del jefe del Poder Ejecutivo del estado.
Por eso resulta sospechoso que al encuentro con el mandatario haya asistido Luis Miguel Barbosa, quien curiosamente a lo largo de la reciente campaña electoral nunca puso un pie en el estado para hacer proselitismo, pese a que fue candidato plurinominal por la circunscripción que abarca Puebla.
La asistencia de Barbosa al desayuno de Casa Puebla hace suponer que el líder de Nueva Izquierda quiere recomponer la relación que en 2010 él se encargó de pactar con el PAN para convertir a Rafael Moreno Valle Rosas en gobernador de la entidad, pese a que después el mandatario haya marginado a los perredistas en su gobierno, ya que les dio una pírrica participación en cargos públicos totalmente irrelevantes.
¿O para qué otra cosa vino Barbosa cuando ha dejado de ser un actor de la política local? Fuera de buscar negociar con Moreno Valle, no se puede entender la participación del líder de Nueva Izquierda en Casa Puebla.
En 2010 la negociación que Barbosa hizo con el PAN fue que el PRD difundiera la idea de que Moreno Valle Rosas podía ser un gobernador demócrata y de centro izquierda, y al final resultó ser un mandatario autoritario y de extrema derecha. Y luego de esos comicios, todo apunta a que hubo un segundo acuerdo, el cual fue desactivar al Partido de la Revolución Democrática, el cual cerró sus puertas y no tuvo trabajo político hasta hace tres meses.
No sería raro que ahora se esté buscando lo mismo, desactivar al PRD para que en 2013 no haya una real oposición a los intereses político–electorales del gobernador.
