En el mundo se implementó, hace aproximadamente 10 años, una idea que data de la era medieval. Alrededor de dos veces al año, una persona recorre el sendero llamado “Babywiege” –cuna en español- para abandonar, al final de él, a un recién nacido.
La idea se basa en que aquellas madres que no pueden cuidar a sus bebés no los abandonen en las calles y que en su lugar los dejen en estas “cunas” que en realidad son cajas de acero inoxidable con una manija, dentro de ella hay mantas dobladas para abrigar al recién nacido y que tenga una temperatura cálida.
En el interior de la caja hay una carta con indicaciones de qué hacer si la madre o el pariente que dejó allí al bebé, ya que el proceso es totalmente anónimo, cambia de opinión.
Durante un tiempo el hospital se encarga del cuidado del menor, luego pasa a una familia que lo cuida temporalmente y, finalmente, puede ser adoptado de manera legal.
En algunos países las leyes favorecen este sistema. En Hungría, por ejemplo, la ley fue modificada para que dejar el niño en una de estas cajas equivalga a entregarlo legalmente en adopción, mientras que abandonar al niño en cualquier otra parte continúa siendo un delito.
Maria Herczong, psicóloga de la ONU, aseguró en una entrevista que siempre ha habido mejores alternativas y soluciones a este problema, tales como ofrecer comprensión y ayuda a las mujeres que atraviesan por problemas que las obligan a abandonar a sus hijos.
“(Este sistema) envía a las mujeres embarazadas un mensaje equivocado: que está bien esconder su embarazo y dar a luz en circunstancias no controladas y más tarde abandonar a sus hijos”, añadió.
