Hace seis años, Andrés Manuel López Obrador reconoció que el fraude electoral en su contra pudo funcionar debido a que su gente no estaba preparada para enfrentar a los lobos.
A partir de entonces inició un movimiento de regeneración nacional, al que bautizó “Morena”, para defender los votos ahí donde nacen: en las urnas.
Seis años trabajaron día y noche.
Seis años reclutaron ciudadanos comprometidos con la causa.
Y cuando por fin todo estaba listo para probar a los corderos frente a los lobos, estos últimos los despellejaron y dejaron un cementerio de vísceras, sangre y olores fétidos.
Los lobos han dominado este país toda la vida.
Fueron ellos los protagonistas belicosos el 2 de octubre de 1968.
Ellos urdieron la trama de los fraudes electorales del 88 y del 2006.
A ellos, y a nadie más, se debieron Acteal y Atenco.
Ellos estuvieron en las plomerías de la Guerra Sucia de los setenta.
A ellos se enfrentaron los corderos de “Morena” con la inocencia pintada en los ojos.
Y he aquí que otra vez estamos en medio de un ritual conocido de sobra: el de los lamentos, el de “te lo dije”, el de “nos volvieron a chingar”.
Lo extraño de esto es que López Obrador tenía a viejos lobos en torno suyo y no supo aprovechar su experiencia de sangre y chapucerías.
¿Nombres?
Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Arturo Núñez, Alberto Anaya, los Chuchos, Manuel Camacho…
Ninguno como ellos sabe tirar sistemas, instrumentar fraudes, cocinar electores falsos.
Ellos, como lobos, ayudaron a imponer presidentes, a manejar dinero sucio, a comprar, faltaba más, las voluntades.
Frente a los lobos de hoy, los lobos de ayer debieron haber actuado para frenar operativos.
¿O su olfato de sangre se mutó en olfato de cordero?
¿Ya olvidaron las trampas y cómo detectarlas?
Hoy los lamentos de siempre brillan en las redes sociales, artículos encendidos, marchas anti-Peña Nieto.
No es suficiente.
Los lobos iniciaron la Operación Presidente desde meses atrás.
Y todo mundo fue testigo.
“Es de dominio público”, protestó recientemente López Obrador.
Y ahí salta la duda: ¿por qué no hicieron nada?
En el país de los lobos no basta la denuncia.
Tampoco las demandas –que no prosperarán- de la anulación de las elecciones.
Es la historia de siempre y los lobos escriben el guión.
Con los Juegos Olímpicos de Londres, y la reticencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, los corderos se irán quedando solos.
Cierto: llenarán de marchas y de consignas este país.
Pero se irán quedando solos.
Y es que –es una pena- no bastan las buenas intenciones para cambiar un país.
No basta la inocencia pintada en los ojos.
No bastan las causas justas y generosas.
En el país de los lobos, el tuerto es buey.
