Gabriel Quadri se levanta temprano, bosteza, se acomoda los lentes, mira el reloj, vuelve a bostezar, sabe que es el día D, el día de las elecciones, se mete al baño, se mira al espejo, saca su celular y habla por teléfono.
-Luis, ¿ya despierto?
-Totalmente, mi querido Gabriel.
-¿Cómo van las cosas?
-Todo marcha como quedamos.
-Ya quiero que termine el día.
-Ya terminará. Por lo pronto vamos a desayunar con Mónica.
-Oki.
Quadri sale de su casa, sube a su auto, avanza sobre Reforma, baja en un conocido hotel, el valet lo reconoce, le pide un autógrafo, una foto, le da una palmada.
Al interior del restaurante ya lo espera Luis Castro, dirigente nacional del Partido Nueva Alianza.
Habla.
-Ya hablé con la maestra.
-¿Qué te dijo?
-Te desea suerte.
-¿Hicieron la encuesta?
-Simondor.
-¿Cómo salí?
-Mejor de lo esperado.
-¿Cuántos puntos?
-Siete y medio. Casi ocho.
-La libré.
El día corre como una combi gastada.
Quadri va a votar y empieza a sentir que las cosas van mejor de lo esperado: los votantes lo abordan, lo felicitan, le corre cortesías.
Quadri se va a su búnker.
Luis Castro le habla al mediodía.
-¡Gabo, no lo puedo creer!
-¿Qué pasó?
-¡No mames, cabrón! ¡Parametría dice que vas arriba!
-¿Arriba de quién?
-¡Arriba de todos!
-¡No mames!
-¡No mamo!
Quadri queda desconcertado.
Hace como que no escuchó al dirigente.
Se pone a leer una novela.
No puede.
Le habla a Castro.
-¿Es en serio lo que me dijiste?
-¡Totalmente en serio! ¡Acabo de hablar con Manlio Fabio! ¡Y me confirma todo! ¡Jura que vas arriba de Peña y del Peje!
-¡No te la jales, Luis!
-¡No me la jalo! ¡Es en serio!
Las horas pasan.
Llega la segunda encuesta.
Otra vez Castro.
-¡Quién sabe qué madres está pasando en este país que vas ganando, Gabo!
-¡No inventes!
-¡Hasta Roy Campos me acaba de llamar para felicitarnos!
-¿Me río o lloro?
-¡Mejor ríete! ¡A este paso vas a ser presidente de México!
-Jajaja.
-¡En serio! ¡Ya le avisé a la maestra!
-¿Y qué te dijo?
-¡No me creyó!
El reloj marca las seis de la tarde.
En el cuartel de Quadri todo es bullicio.
Castro le lleva un celular.
-¡Te habla Peña!
-¿Qué quiere?
-¡Te va a felicitar!
-¡No te la jales, Luis!
Quadri toma el celular y responde muy serio.
-¡Candidato!
-¡Presidente!
-Jajaja.
-¡No sé cómo le hiciste pero ganaste la Presidencia! ¡Felicidades!
Todo sucede como en una película surrealista: Quadri se pone su mejor traje, su mejor corbata, sus mejores lentes.
Ya le habló el presidente Calderón y Josefina Vázquez Mota.
Siente que vuela.
Siente que el piso crece como su entusiasmo.
En las televisoras su triunfo se da como un hecho sorprendente.
López Dóriga dice que en las elecciones ocurrió un milagro.
Todos están a la expectativa.
López obrador jura que hubo fraude.
Llama a las bases desde su tercer lugar.
Pocos le hacen caso.
El pueblo está volcado en el zócalo para celebrar.
Hasta ahí llega el candidato ganador.
Va flotando sobre sus zapatos Ferragamo.
Siente que el piso se abre.
Miles de personas lo saludan y lo abrazan.
Cierra los ojos.
“Es un sueño”, se dice.
Respira hondo.
Profundo.
“Es un sueño”, se repite.
Y sí.
Está soñando.
En ese momento se despierta.
Bosteza, se acomoda los lentes, mira el reloj, vuelve a bostezar, sabe que es el día D, el día de las elecciones, se mete al baño, se mira al espejo, saca su celular y habla por teléfono.
