Cuitlatlán
Por: Fermín Alejandro García
La nueva Ley del Notariado –que impone sanciones severas– poco inhibe a los fedatarios para seguir cometiendo abusos. Este es un caso que así lo demuestra: la notaria 18 de la ciudad de Puebla, Martha Elena Aguilar González, ha asumido la defensa de su yerno, Eduardo Ganime Carrillo, quien está acusando penalmente por el delito de abuso de confianza al haber involucrado a un grupo de amistades en un negocio inexistente para lo cual les pidió 2.2 millones de pesos, mismos que se niega a devolver y al mismo tiempo desconoce el pago de intereses que se convinieron.
Se supone que los notarios no pueden involucrarse en litigios y deben gozar de un buen nombre, de una buena fe. Eso parece no estar en las preocupaciones de Martha Elena Aguilar, quien ya he estado inmiscuida en otro escándalo, que fue la alteración de la herencia del ex presidente del Consorcio Volkswagen de México, Heins Martin Teo Wedigo Josephi Wellmann.
En esta columna hace tres años se denunció que Josephi había dispuesto que al morir una parte importante de sus bienes, que incluía negocios de importación de autos de las marcas Ferrari, Masserati, Alfa Romeo y Lamborghini, pasaran a manos de su última pareja sentimental y de una hija, quien es menor de edad. Sin embargo, de última hora apareció una serie de documentos que cambiaban el destino de esos bienes, los cuales únicamente tenían la huella dactilar del ex directivo de Volkswagen.
Josephi Wellmann murió el 18 de noviembre de 2011 de leucemia, padecimiento que le provocaba debilidad muscular que le impedía plasmar su huella unas horas antes de fallecer, además de que era un proceso irregular, ya que no había testigos. Atrás de esa trampa estuvo la notaria Aguilar González, junto con una de sus auxiliares, lo cual provocó que se abriera un proceso legal contra ambas mujeres.
Ahora la notaria 18 vuelve a aparecer en la siguiente historia:
Producto de una amistad entre la comerciante María del Carmen Roldán Galicia y de María del Carmen Carrillo Fernández de Lara, el hijo de la segunda de estas mujeres, de nombre Eduardo Ganime Carrillo, le propuso a la primera involucrarse en un prometedor negocio de la industria textil, para lo cual le pedía que interviniera como socia capitalista, en un trato en el cual él regresaría el dinero aportado en un plazo de un año, más un interés mensual del 2.09 por ciento.
Eduardo Ganime Carrillo, quien es pariente de Michel Chain Carrillo, el secretario de Desarrollo Económico y Turismo del ayuntamiento de Puebla, para ganarse la confianza de María del Carmen Roldán le expuso un plan de negocios que incluía una fábrica textil radicada en Cholula y para que funcionara proponía la compra de materia prima y de maquinaria.
María del Carmen Roldán, quien conoce a Ganime Carrillo desde que nació, accedió a prestarle dinero, para lo cual involucró a unos parientes suyos. Más allá del asunto material había la confianza por la larga relación de amistad.
Roldán Galicia le hizo el primer depósito el 4 de abril de 2013 por la cantidad de 400 mil pesos, el segundo el 23 de diciembre de 2013 por 600 mil pesos, el tercero de otros 600 mil pesos el 2 de julio de 2014 y el último fue el 2 de junio de 2014 por 600 mil pesos. Todas las transferencias fueron por medio de Bancomer.
El empresario sólo cubrió de manera esporádica una parte menor de los intereses, pero nunca regresó parte del capital. El 2 de septiembre de 2015, el balance era que debía 2.2 millones de pesos, más 465 mil pesos de intereses, dando una cifra total de 2 millones 665 mil pesos.
Al principio Ganime Carrillo se mostraba preocupado por sus atrasos. En un par de ocasiones se celebraron convenios para fijar nuevas fechas de pago de las obligaciones pactadas. No cumplió con ninguno. Luego de ello, empezó a desconocer la deuda y a acusar a María del Carmen Roldán con ser una usurera.
La mujer que le dio el dinero tenía confianza de que podía recuperar la supuesta inversión con la fábrica de Ganime, además de la maquinaria. Por esa razón se traslado a la factoría, en donde se topó con el padre de este hombre, quien le aclaró que el lugar era suyo y que si hijo no era dueño de nada. Que no intervenía en el negocio. Y hasta habría sugerido que si no pagaba “mételo a la cárcel”.
Con el tiempo se supo que el problema de fondo es que Eduardo Ganime Carrillo no tiene el negocio en cuestión y que al parecer el dinero lo utilizaba para saldar supuestas deudas de juego. En algún momento la madre de este hombre ofreció pagar con un departamento, pero luego se desistió y al igual que su hijo buscó solucionar el problema negando el adeudo.
Eduardo Ganime, antes de empezar a incumplir con su deuda, había pedido 7 millones de pesos más de préstamo. En ese tiempo se casó con una mujer llamada María Fernanda, quien es hija de la notaria 18, cuyo enlace civil fue en un departamento de lujo –ubicado en La Vista– de la fedetaria Martha Elena Aguilar González. Por si fuera poco, María del Carmen Roldán Galicia fue la testigo de la unión matrimonial, sin saber que estaba dando fe del matrimonio de alguien que meses adelante le iba a cometer el delito de abuso de confianza.
En junio y julio de este año, acompañada de sus litigantes, María del Carmen Roldán se presentó a reclamarle a Ganime el pago de su dinero. En ambas ocasiones el presunto abusador pidió ayuda de la notaria Martha Elena Aguilar, quien le mandó al abogado Lauro Castillo, quien labora en su notaría, a que hiciera acto de presencia y aconsejara a su yerno no firmar ningún documento y desconocer los adeudos.
Dicen que la notaria ha dejado en claro que nadie se va a meter con su ahora nuevo hijo, es decir el esposo de su hija, en lugar de que se mantenga al margen, tal como lo exige la ley para los fedatarios, o que exija a su yerno responder conforme a derecho, en lugar de esconderse y negar que le dieron el dinero reclamado.
Visto de otra manera, la notaria no le importa que ahora la ley en la materia castiga a los fedatarios que se ponen de lado de abusadores. Parece que confía en el manto de impunidad que siempre ha envuelto a los responsables de dar fe pública.
