Cuitlaatlán
Por: Fermín Alejandro García
En los cinco meses que le quedan al actual gobierno, un conflicto que amenaza con irrumpir con mucha fuerza en este fin de sexenio es el hartazgo que existe entre los trabajadores del Colegio de Bachilleres de Puebla (Cobaep) por la imposición que sufrieron hace cinco años –de la mano del entonces secretario de Educación, Luis Maldonado– de Ricardo Ordaz Pérez como dirigente sindical, quien en la actualidad enfrenta el repudio –firmado– de 68 por ciento de las bases que supuestamente representa. Para intentar salvar la situación, el gobierno permitió la contratación emergente de unos 300 docentes para que éstos sean un contrapeso a una mayoría de profesores que repudia a este dirigente gremial.
Al iniciar este día el ciclo escolar, en el Colegio de Bachilleres aparecerán alrededor de 300 docentes que fueron contratados en semanas anteriores y que, como parte de su nueva relación laboral, los hicieron firmar un documento en donde reconocen a Ricardo Ordaz como dirigente sindical, lo cual resulta algo ilógico que desde la parte patronal del Cobaep se esté intentando inflar la base de apoyo del representante gremial.
Tal situación ha generado un ambiente de mucha tensión en el Cobaep al existir el temor de que esa contratación de alrededor de 300 docentes signifique el inicio de una nueva purga para correr a maestros y trabajadores administrativos que exigen que se convoque a la renovación de la dirigencia sindical, luego de que el periodo de Ricardo Ordaz, como secretario general, venció hace un año con cuatro meses y nadie ha definido qué sucederá en la organización.
El clima de repudio contra Ordaz se puede apreciar de la siguiente manera: hace algunos meses surgió el liderazgo de Jorge Rosas Yáñez, un ex aliado del dirigente sindical, y ahora es unos de su principal críticos, y este personaje para crear una representación alterna pidió la firma de los trabajadores y resultó que de los mil 822 integrantes de las nóminas del Cobaep, mil 256 accedieron a plasmar su rúbrica, lo cual es un rechazo de facto del secretario general del gremio.
La situación se está volviendo insostenible. Una prueba de ello es lo acontecido el pasado 13 de agosto cuando un grupo de trabajadores, inconformes con lo que pasa en la institución, intentaban realizar una reunión –en un domicilio privado– y sufrieron la irrupción de siete personas, entre ellos Ricardo Ordaz y Eugenio López Gargallo, quien es el coordinador sectorial del Cobaep. El dirigente sindical les gritó y les advirtió:
“Siguen con sus pinches reunioncitas… al fin que tengo el apoyo del director del Colegio de Bachilleres y él los va a correr… se los va a cargar la chingada, al fin que andan solos en las calles”.
El lugar en donde ocurrió la amenaza fue en el domicilio ubicado en calle Alicante 15, colonia Las Palmas, y los hechos quedaron asentados en la denuncia NUAT/1831/2016/UAT/04.
Y es que ante la imposibilidad de frenar la rebelión de los trabajadores contra Ordaz se está recurriendo a la violencia en contra de la disidencia con el apoyo directo y abierto de las autoridades del colegio.
Para nadie es desconocido que José Antonio Gómez Mandujano, director general del Cobaep, tiene como función primordial resolver todo tipo de conflictos que enfrenta Ricardo Ordaz, quien no puede entrar en la mayoría de los 37 planteles del colegio si no se hace acompañar de funcionarios de la institución. Tal situación ejemplifica como el secretario general del sindicato es un títere del gobierno del estado.
A 900 trabajadores les bajaron en salario
Ricardo Ordaz llegó al cargo de secretario general sin que los trabajadores votaran por él. Lo impuso en el puesto la Secretaría General de Gobierno –en ese entonces a cargo de Fernando Manzanilla Prieto– como parte de la decisión de acabar con la dirigencia sindical de Refugio Rivas, quien tenía un liderazgo fuerte, legítimo y era visto por el morenovallismo como un riesgo, debido a que en el proceso electoral de 2010 apoyo al PRI.
La obsesión de Luis Maldonado, quien era el secretario de Educación, de acabar con Refugio Rivas lo hizo seleccionar a Ordaz como dirigente sindical, sin que este hombre fuera conocido por la base de maestros y administrativos. Se llegó al extremo de que las primeras veces que entró a los planteles se hacía acompañar de la Policía Estatal para frenar el rechazo en su contra.
Lejos de que este personaje buscara legitimarse echó mano de Guillermo Aréchiga Santamaría, ex secretario general de la sección 51 del SNTE, y de la manera más absurda en lugar de buscar generar beneficios a favor de los trabajadores se ha dedicado a agredirlos laboralmente.
En los últimos cuatro años a unos 900 trabajadores les cambiaron de clave laboral, lo que implicó perder horas clase o sufrir una reducción de prestaciones, que traducido en ingresos económicos en la mayoría de los casos ha significado una reducción salarial de hasta 60 por ciento.
A los administrativos les quitaron los vales de despensa y les redujeron diferentes tipos de ayudas. A unos 100 académicos –por ser leales a Refugio Rivas– los rescindieron y otros 30 en estos días también serán echados.
Todo ese comportamiento tiene dos explicaciones:
Primera: hubo una orden desde la cúpula del Poder Ejecutivo de reducir el costo la nómina del Cobaep, y Ricardo Ordaz acató esa decisión, ya que él no está del lado de los trabajadores, sino de la parte patronal.
Segunda: le dieron instrucciones de conducirse de acuerdo con el estilo autoritario y violento del gobierno de Rafael Moreno Valle y, efectivamente, Ricardo Ordaz le impuso a su gestión todo el sello de la administración morenovallista.
