Serpientes y Escaleras por Ricardo Morales
Con bombo y platillo los priistas celebraron la llegada de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional del tricolor.
Alertaban que con el sonorense a la cabeza, ahora si nadie podría detener a la maquinaría del Revolucionario Institucional.
Una y otra vez aseguraban que ahora sí ya le había llegado la hora al gobernador Moreno Valle y al panismo local, porque el “Cid Campeador” del priismo estaba al frente de las tropas y nadie, absolutamente nadie iba a osar enfrentársele.
También con matraca y confeti, los priistas celebraban la llegada de Rogelio Cerda Pérez, el nuevo delegado del CEN del tricolor, un regiomontano que fue secretario General de Gobierno en Nuevo León, en la administración del tristemente célebre Natividad González Paras (Naty).
A Cerda durante su paso en el gobierno de Nuevo León se le vinculó con el crimen organizado, específicamente con el cartel de Sinaloa, al cual supuestamente le abrió la puerta para entrar a aquella entidad, desatando una guerra con los Zetas, la cual tiñó de sangre a la ciudad de Monterrey.
Curiosamente la PGR ahora busca indicios de las actividades ilícitas de personajes vinculados con el Chapo Guzmán, los cuales se sabe operan financieramente en Puebla.
Pero de regreso al tema central, es la hora en que nadie ve, ni sabe nada del tal Cerda, el cual al parecer vino a lo mismo que una de sus antecesores, la senadora Angélica Araujo, la cual aterrizó en la entidad por recomendación de la entonces secretaría General del PRI, Ivonne Ortega, exgobernadora de Yucatán y miembro de la casta sagrada de familias que se traspasan todos los puestos de elección popular del PRI, por supuesto, todos por la vía plurinominal.
Al parecer Cerda vino a Puebla a turistear, comer chiles en nogada, mole de cadera por la temporada a conocer la catedral y hasta la “ruedota” de Angelópolis. Si se espera más tiempo, hasta va a ver la remodelación de lo que fue el estadio Cuauhtémoc y el teleférico, el cual podrá observar desde sus oficinas de la diagonal.
Nadie ha visto a Cerda desde el día en que fue presentado como nuevo delegado del CEN del PRI en Puebla, nadie ha escuchado su voz, no se ha sentado con ninguno de los aspirantes, creo que solo los conoce de vista.
Si el PRI poblano tiene una posibilidad de ganar el próximo año, esta se debe a la presencia de algunas de sus figuras que hace su propio esfuerzo como Blanca Alcalá, Enrique Doger, Javier López Zavala o Alberto Jiménez Merino.
Pero la supuesta coordinación, vinculación y apoyo que el CEN le iba “dizque” a dar a Puebla, ha quedado en eso, puro dicho.
Estará enterado Cerda, que el líder de la principal central obrera del país en Puebla (CTM), Leobardo Soto, apoya de manera incondicional y sin límites a Tony Gali, como acertadamente lo reveló esta semana el siempre bien informado periodista, Arturo Luna Silva en su Garganta Profunda.
Sabrá que esta adicción del líder sindical y uno de los principales beneficiarios el morenovallismo en las obras de san José Chiapa, la comparten otras organizaciones como Antorcha Campesina, la consentida del presidente Peña, la cual tiene tres diputados federales, dizque representado a la bancada poblana.
Por qué extrañamente la voz del delegado del CEN del PRI no se escuchó en un asunto tan delicado, pero muy conveniente para su causa como fue la constitución del órgano electoral de Puebla.
El tema del OPLE, era una “garbanzo de a libra” para el PRI, partido que habría podido tirarse al suelo y patalear por el tema, acusar como buena oposición una elección de estado y vacunarse eventualmente de una derrota y extrañamente no lo hizo.
Mucho, pero mucho trabajo tendrá el regiomontano Cerda por delante, si es que en realidad quiere ganar la elección del próximo año, pero para ello, lo primero es que ya despache en Puebla.



