Si fueran ciertas todas las bendiciones que se presumen del cuarto piso del CIS, Morena tendría que inventar candidaturas. Todos dicen que ya les dijeron que sí. Todos aseguran que sus adversarios más fuertes ya aceptaron hacerse a un lado, convenientemente acomodados en una diputación federal, una local o una regiduría.
Qué generosos: todavía no ganan una encuesta y ya repartieron hasta los premios de consolación.
El relato tiene una utilidad evidente: vender como decisión tomada lo que apenas es una aspiración. Desanimar al contrincante, atraer apoyos y convencer a los indecisos de que acercarse ahora garantiza un lugar después.
Puro humo con domicilio oficial.
Sería ingenuo minimizar el peso político de quien gobierna Puebla. Su respaldo importa. Pero una cosa es tener interlocución y otra salir de una reunión convertido, por declaración propia, en candidato. Una fotografía no es un nombramiento. Mucho menos una garantía de votos.
Además, el proceso nacional exige bastante más que bendiciones de pasillo. Conciliar aspiraciones estatales, distritales y municipales supone negociar inconformidades, revisar perfiles y evitar fracturas. Si arriba hay disputas pendientes, abajo convendría administrar la prisa.
El problema en Puebla es quién debería poner el ejemplo.
¿Cómo pedir prudencia si Olga Romero aparece en la conversación sucesoria de Tehuacán como aspirante y, al mismo tiempo, debe conducir al partido? Una dirigencia pierde autoridad para ordenar a los demás cuando parece competir con ellos.
La promoción que busca presentarla como “la elegida” o “la carta más fuerte” merece una pregunta elemental: ¿elegida por quién y fuerte según qué medición? Porque repetir una consigna no la convierte en resultado.
Y si el argumento termina siendo la supuesta bendición del cuarto piso, volvemos al principio: otro aspirante vendiendo una decisión que los ciudadanos todavía no han tomado.
Antes de presumir tanto respaldo, Olga tendría que demostrar arraigo. En Tehuacán, el famoso “¡güero, güero!” de los elotes es más conocido y querido que la pseudodirigente. El reconocimiento tampoco equivale a votos, pero sin conexión con la gente ninguna bendición alcanza.
Morena haría mal en confundir la fuerza de sus siglas con la de cualquier perfil. Una candidatura débil puede convertir una plaza favorable en una contienda complicada. Y Tehuacán pesa demasiado para tratarlo como recompensa personal.
El riesgo para Olga no es que otros presuman la misma bendición. Es que termine creyendo la suya y descubra demasiado tarde que los respaldos de oficina no sustituyen el trabajo en territorio.
Porque del cuarto piso podrá bajar una señal. Los votos tendrán que salir de las urnas.
En Cholula Tonantzin es la que manda en las encuestas
Y para abonar aún más al tema principal de esta columna, ahora que dicen que la diputada María de la Barreda será la candidata de Morena a la Presidencia Municipal de San Pedro Cholula, hay que señalar que quien encabeza todos y cada uno de los sondeos en este lugar es la actual alcaldesa, Tonantzin Fernández.
De la Barreda Angon es otra de las que presume tener la bendición del cuarto piso para ser la candidata y tal vez sea posible; sin embargo, la indicación de quien despacha en ese lugar es que sus cartas trabajen a ras de piso y sobre todo que tengan arraigo, cosa que la joven diputada no tiene, pese a haber sido directora del DIF municipal cuando su mamá, doña Paola, fue la presidenta.
Para poder imponer, primero es necesario que se tengan números y, reitero, en la última encuesta elaborada a finales de agosto, la joven diputada ni aparece; es decir, si la van a imponer, al menos que se inventen algo, porque al cuarto para la hora no creo que cuaje.
Por otro lado, hay que señalar que San Pedro es uno de los municipios que va a estar más peleado en la contienda constitucional.
En este lugar Acción Nacional tiene muchas posibilidades de alzarse con el triunfo, al igual que Movimiento Ciudadano; va a depender mucho de quiénes sean los candidatos para la elección.
