Jonathan Meléndez presentía que algo podía salir mal.
La tarde de ayer martes, el tecladista de Camilo Séptimo tenía previsto encontrarse en su casa, un penthouse ubicado en un exclusivo complejo residencial de Zona Esmeralda, en Atizapán de Zaragoza, Estado de México, con su socio Diego Sebastián N.
Antes de aquella cita, Jonathan llamó a su amigo Freddy. No fue una conversación cualquiera. Le dijo que se vería con Diego, con quien, según sus propias palabras, traía “unos pedos”.
Y dejó una instrucción que, horas después, resultaría estremecedora: si por la noche no contestaba el teléfono, que lo reportara a las autoridades.
Freddy cumplió.
Pero para entonces, dentro del apartamento, una tragedia ya había comenzado.
La llegada de Diego
A las 17:24 horas, de acuerdo con las indagatorias de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), Diego llegó al penthouse donde Jonathan vivía con su familia, en un edificio de departamentos del complejo Grand Viure, en Bosques de Amantes, Zona Esmeralda.
Jonathan todavía no había llegado.
La puerta se abrió desde el interior. Era Ana Paola, esposa del músico, quien tenía alrededor de cinco meses de embarazo.
Las cámaras de seguridad registraron el momento.
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Lo que ocurrió después, según la carpeta de investigación 00364/26/09, convirtió aquella visita entre socios en una escena de horror.
Diego presuntamente sacó un arma y amagó a Ana Paola. También sometió a Sofi, la hija de tres años de la pareja.
En el apartamento estaba además el perro de la familia, un golden retriever. El agresor exigió que lo amarraran para evitar que sus ladridos alertaran a alguien.
Una vez controlada la mascota, Diego habría amarrado de pies y manos y amordazado a Ana Paola y a la pequeña Sofi.
Después les disparó a quemarropa.
El silencio después de los disparos
En otra habitación se encontraba Alexis N., empleada doméstica de la familia, junto con otro de los hijos de Jonathan, un niño de cinco años.
Las detonaciones rompieron el silencio del departamento.
Alexis salió para averiguar qué estaba ocurriendo.
Se encontró con Diego.
La llevó a otra habitación, la maniató y, de acuerdo con las indagatorias, también le disparó.
El niño permaneció en aquel momento fuera de la vista del agresor.
El apartamento quedó en silencio otra vez.
Pero Jonathan todavía no había llegado.
El encuentro que terminó en asesinato
Cuando Jonathan finalmente entró al PH, Diego lo esperaba en la sala.
La razón aparente del encuentro era el dinero.
Según las indagatorias, Diego le exigió una cantidad que aseguraba que le pertenecía. Se habla de alrededor de 300 mil pesos, aunque ese monto no está acreditado hasta el momento.
Los dos hombres discutieron.
Entonces Jonathan comenzó a comprender que algo no estaba bien.
Gritó por su esposa.
No hubo respuesta.
Diego lo sometió, lo amarró y lo amordazó. Después le disparó mientras se encontraba en el sillón.
El músico de 38 años murió dentro de su propia casa.
Afuera, mientras tanto, alguien esperaba.
La huida
Gerardo N., identificado como el chofer de Diego, permanecía afuera.
Más tarde declaró ante los policías que no sabía que su acompañante cometería un crimen. Según su versión, Diego únicamente le había dicho que “íbamos a ir por una lanota”.
Después de los asesinatos, ambos hombres abandonaron el lugar.
El dinero que presuntamente buscaban no apareció.
Tampoco se ha establecido hasta ahora si además de efectivo fue sustraído algún otro objeto del departamento.
El niño que sobrevivió
La llamada de Freddy terminó por activar la respuesta de las autoridades.
Cerca de las 23:50 horas, policías llegaron al inmueble.
Lo que encontraron dentro del penthouse confirmó la magnitud de la tragedia: cuatro personas habían sido asesinadas.
Jonathan Meléndez; su esposa, de 35 años y embarazada; su hija de tres años; y Alexis N., una joven de 21 años, estaban muertos.
La mascota de la familia también fue localizada sin vida.
Pero había alguien más.
El otro hijo de Jonathan, un pequeño de cinco años, había sobrevivido.
Cuando su nana escuchó los disparos y corrió para saber qué sucedía, el niño se escondió debajo de una cama.
Ahí permaneció hasta que fue localizado y rescatado por las autoridades.
Estaba ileso.
La pista del automóvil rojo
La investigación comenzó a reconstruir los últimos movimientos de los presuntos responsables a partir de las cámaras de vigilancia.
Un automóvil rojo se convirtió en una de las principales pistas.
El seguimiento permitió ubicar a los dos hombres en la Ciudad de México.
Primero fue detenido Gerardo N. Posteriormente, las autoridades capturaron a Diego Sebastián N., señalado como socio de Jonathan y probable autor del multihomicidio.
Las detenciones fueron realizadas con apoyo de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México.
Un negocio, dinero y una amistad rota
Detrás del crimen aparece una relación que, al menos en el papel, era de negocios y amistad.
Jonathan y Diego figuraban como socios en una empresa vinculada con propiedades en Valle de Bravo. Ambos aparecen en el acta constitutiva.
Las casas eran rentadas a través de plataformas de hospedaje.
Sin embargo, entre los socios había conflictos económicos. Las acusaciones iban y venían: uno responsabilizaba al otro por el dinero y los problemas del negocio.
Jonathan y su familia apenas llevaban un par de semanas viviendo en el penthouse.
Y, de acuerdo con las indagatorias, el músico parecía saber que el conflicto podía escalar hasta consecuencias graves.
La Fiscalía investiga ahora si Diego actuó solo o si detrás del ataque hubo otros participantes intelectuales.
Con información de Antonio Nieto | X / @siete_letras

