México dio un salto cuántico en cuanto a técnica, concentración y madurez de enfrentar a cualquier rival.
No hubo pretextos, como en el pasado.
El juego se advertía adverso, y más por el estilo inglés de quedarse atrás.
Y es que al ir perdiendo 2-0, los mexicanos no se frustraron ni enloquecieron, sino que estuvieron cerca de empatar.
México se puede sentir orgulloso de la Selección. “El Vasco” Aguirre se debe sentir satisfecho. Y los jugadores, honrados de haber sido dignos.
Los mundiales de fútbol suelen ser el foco de atención durante los días del torneo.
En el caso del Mundial 2026 entre México, Estados Unidos y Canadá, el fervor futbolero se hizo presente hasta unos días antes del inicio del torneo.
Pero una vez que la Selección Mexicana dio muestras de buen desempeño, la pasión futbolera se desbordó, incluso en el exceso de los malos mexicanos que desbordaron calles y propiciaron la pérdida de vidas humanas en los “festejos”.
Más allá de los auténticos aficionados, se despertó gran emoción entre quienes podemos no ser asiduos seguidores del fútbol.
Hoy, pese a las abusivas transmisiones televisivas pagadas de los partidos, las masivas concentraciones de gente para seguir las jugadas en las pantallas colocadas por los gobiernos hablan de una pasión generalizada.
Lo peor: el precio de las entradas en los estadios mexicanos.
Pero esa emoción despertó un buen ánimo social. La playera del Tri fue la más vendida, la versión original en tiendas y la pirata en la vía pública.
Ese ánimo, esa emoción, bien le cae al mexicano alicaído por una prolongada crisis económica, social y de inseguridad que nos invade.
Triste que dure tan poco.
Muchas gracias. Nos vemos la próxima aquí y en mis redes como @erickbecerra1.
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