Ariadna Montiel Reyes, en su noveno día en la presidencia nacional de Morena, ha volteado hacia Puebla para anunciar la apertura de un procedimiento partidista contra el insufrible edil de Chignahuapan, Juan Rivera Trejo, a causa de su más reciente escándalo, que fue la ostentosa y abusiva fiesta de 15 años de su hija, celebrada la semana pasada. Misma que fue calificada por la dirigente morenista como “un acto de frivolidad”. Frente a este anunció habría que preguntarse: ¿es el único caso de un alcalde poblano de la 4T que debe de ser investigado y sancionado por la dirección del partido Regeneración Nacional?
La respuesta es: si realmente Ariadna Montiel quiere poner orden en Morena, para el caso de Puebla, debe voltear a ver lo que ocurre –por lo menos– con una veintena de ediles morenistas que están gobernando “al viejo estilo priista”, consistente en que actúan como “virreyes” de sus municipios y, por tanto, se sienten impunes, con derecho a cometer excesos y no ser cuestionados por nadie.
Hay una larga lista de agravios: desde alcaldes de municipios pobres y no tan pobres que, en los 19 meses que llevan gobernando, se han comprado vehículos de lujo –con cargo el erario–, así como casas, vestimentas y viajes que están arriba de sus posibilidades económicas, hasta los que han inflado los precios de obras públicas o simplemente no han hecho nada relevantes a favor de sus comunidades.
También están los que “cierran los ojos” frente al problema de la inseguridad.
O que han convertido los ayuntamientos en “patrimonio familiar”, pues entre parientes ha quedado el pasarse el poder o llenar las nóminas de hermanos, primos, sobrinos, tíos y hasta compadres.
Ejemplos hay muchos en Xicotepec de Juárez, Amozoc, Huauchinango, Coronango, Izúcar de Matamoros, Huejotzingo, Zacatlán, Teziutlán, Coronango, Acatlán de Osorio, Acatzingo, Oriental, Tecamachalco, Tepeaca, Tehuacán, San Miguel Xoxtla, Los Reyes de Juárez, por citar solo algunos casos.
Una realidad que se explica por tres razones muy claras:
Primera: en Puebla hay una dirigencia de Morena que es endeble y solo cumple funciones de ornato, encabezada por Olga Lucía Romero Garci-Crespo.
La dirección del partido ha sido incapaz de observar que el grueso de sus ayuntamientos, o de los aliados, actúan lejos de los principios de austeridad, honestidad y de priorizar la atención a las familias pobres, que se supone son las coordenadas en que deberían conducirse los ayuntamientos de la 4T.
Segunda: la mayoría de los ediles morenistas no es que imiten “al estilo priista”, sino que en realidad el grueso de ellos son políticos surgidos del PRI, que acabaron abandonando el tricolor porque ya no era garantía de triunfo e ingresaron a Morena no por convicción, por identidad, sino solamente porque era la única vía segura para convertirse en presidentes municipales.
Tercera: Puebla es el paraíso de la impunidad de los alcaldes, pues en la actualidad no hay un solo presidente municipal que esté en la cárcel por actos de corrupción o por abusos de poder.
Los exediles que por alguna circunstancia llegan a pisar una prisión, siempre salen exonerados al cabo de unos meses o pocos años. Por eso hay una idea generalizada de que el marco legal no sirve para castigar a los presidentes municipales corruptos.
Incluso hay expresiones de cinismo de muchos exmunícipes que dicen: “es preferible aguantar un tiempo en la cárcel que perder mi dinero”.
Esa impunidad la vivieron en el pasado los alcaldes del PRI, el PAN, el PRD, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano y el Partido Verde Ecologista de México. Ahora los de Morena sienten que deben gozar de las mismas “mieles del poder”.
“El Diablo” se siente intocable
El reciente escándalo de Juan “El Diablo” Rivera, tal como popularmente lo conocen en Chignahuapan, se debe a que le celebró los 15 años a su hija en la Hacienda de Atlamaxac que es propiedad de Lorenzo Rivera Sosa, exedil de ese municipio, una de las figuras centrales del priismo poblano y cacique en la región.
Previo a que se realizara el convivio, que estuvo lleno de lujos, el Ayuntamiento de Chignahuapan arregló el pavimento del camino que conduce a la hacienda de la familia de Lorenzo Rivera Nava, el actual secretario general del PRI en el estado y quien, al igual que su padre, también fue alcalde de ese municipio, en el trienio anterior.
El malestar por el festejo crece por una simple circunstancia: hay muchas calles del municipio que están destrozada por la falta de mantenimiento del anterior y el actual ayuntamiento. Es decir, por las gestiones de Lorenzo Rivera Nava y de Juan Rivera Trejo, que es importante aclarar que no son parientes.
Y ahora resulta que la vialidad que conduce a la hacienda de la familia Rivera –del PRI– fue arreglada con esmero y en poco tiempo, para beneficiar la fiesta de la familia del alcalde Rivera Trejo, que milita en Morena.
Es totalmente entendible el enojo en la opinión pública y por eso, una fiesta privada, se ha convertido en un justificado cuestionamiento contra el alcalde de Chignahuapan.
Hay que ver las cosas así: para arreglar la calle de la hacienda de los priistas Lorenzo Rivera Sosa y Lorenzo Rivera Nava, que son padre e hijo, mismos que alquilaron el lugar para la fiesta de la hija del alcalde, si hay presupuesto y esfuerzos del Ayuntamiento. Para el resto del municipio no hay la misma atención.
Pero al final es importante reflexionar lo siguiente: es entendible, más no justificado, el comportamiento del alcalde Juan Rivera, pues ya ha estado involucrado en dos grandes escándalos y no le ha pasado nada.
Hace ya varios meses, uno de los hijos del edil de Chignahuapan estrelló su vehículo en la Vía Atlixcáyotl, un asunto que no hubiera pasado a mayores si no fuera porque era un automotor eléctrico de la marca Tesla que cuesta en el mercado automotriz, en promedio, poco más de 2 millones de pesos.
Y previo a ese accidente, el hijo de Juan Rivera era dado a presumir en sus redes sociales un lujoso lote de autos de alta gama.
En febrero pasado, hubo otro “escandalito” cuando Juan Rivera Trejo difundió un video en el cual se le ve festejar el día del “amor y la amistad”, con un enorme oso de peluche que le regala a su pareja sentimental, junto con un voluminoso fajo de billetes que el edil lleva en una mano.
